El 4 de agosto de 1829, Antonio López de Santa Anna salió del puerto de Veracruz al frente de una improvisada flotilla con dirección a Tuxpan. Su misión era avanzar hacia Tampico y enfrentar al ejército español que había desembarcado en costas de la Huasteca con la intención de reconquistar México.

En aquella expedición, Tuxpan se convirtió en un punto estratégico para organizar el contraataque que terminaría con la derrota de la última gran invasión española contra el México independiente.

España se negaba a perder su antigua colonia

Aunque México consumó su Independencia en 1821, España tardó varios años en reconocerla. Desde Cuba, que todavía permanecía bajo dominio español, se prepararon distintos proyectos para recuperar el territorio mexicano.

El intento más serio comenzó en julio de 1829.

Una expedición comandada por el brigadier Isidro Barradas salió de La Habana con alrededor de tres mil soldados, transportados en barcos de guerra y embarcaciones auxiliares. El objetivo era desembarcar en la costa del Golfo, ocupar Tampico y avanzar hacia el interior.

El 27 de julio, los españoles llegaron a las costas de Cabo Rojo, en la región situada entre Tuxpan y Tampico. Barradas confiaba en que parte de la población mexicana se sumaría a su causa y facilitaría el regreso del dominio español.

El cálculo resultó equivocado.

Santa Anna organiza una flotilla de emergencia

Al conocer el desembarco, Santa Anna, quien entonces era gobernador de Veracruz y comandante militar de la región, comenzó a reunir tropas, dinero, armas y embarcaciones.

México prácticamente no contaba con una fuerza naval capaz de enfrentar a la escuadra española. Por ello, Santa Anna recurrió a barcos mercantes y pequeñas embarcaciones disponibles en Veracruz.

El 4 de agosto se embarcó con su Estado Mayor y una banda militar en la goleta mercante Louisiana. Sus soldados fueron distribuidos en el bergantín Trinidad, las goletas Iris, Félix, Úrsula y Concepción, además de los bergantines-goletas estadounidenses William y Splendid.

También fueron utilizadas varias lanchas para transportar hombres, armamento y suministros.

Aquello estaba lejos de ser una poderosa flota de guerra. Era una agrupación improvisada que debía desplazarse por una costa vigilada por barcos españoles mucho mejor armados.

Tuxpan, punto clave de la expedición

Santa Anna sabía que intentar un combate naval directo podía terminar en desastre. Su intención era aproximarse a Tuxpan y continuar el avance por tierra hacia la zona ocupada por los españoles.

La ubicación del puerto tuxpeño permitía desembarcar tropas al sur del escenario principal de la invasión y utilizar los caminos de la Huasteca para acercarse a Tampico.

La expedición salió de Veracruz el 4 de agosto y, de acuerdo con narraciones históricas de la campaña, llegó a Tuxpan varios días después. Desde esta región, las fuerzas mexicanas continuaron su desplazamiento hacia el norte.

Tuxpan no fue el escenario de la batalla decisiva, pero funcionó como punto de enlace y aproximación para las tropas que acudían a combatir la invasión.

La Historia General de la Secretaría de Marina-Armada de México señala que las embarcaciones fletadas por Santa Anna fueron utilizadas para transportar al ejército con dirección a Tuxpan, desde donde posteriormente continuaría por tierra. Secretaría de Marina.

Una campaña llena de dificultades

La marcha no fue sencilla. El clima cálido, los pantanos, la falta de caminos adecuados, las enfermedades y la escasez de alimentos afectaron tanto a mexicanos como a españoles.

Las tropas de Barradas tampoco encontraron el apoyo popular que esperaban. En lugar de recibir a los españoles como libertadores, los habitantes de la región se mantuvieron del lado del gobierno mexicano o evitaron colaborar con los invasores.

Mientras tanto, las fuerzas mexicanas fueron cerrando el paso a los españoles. Santa Anna avanzó desde Veracruz y la Huasteca, mientras el general Manuel Mier y Terán organizaba la resistencia desde Tamaulipas.

El ataque contra Tampico

El 20 de agosto, Santa Anna cruzó el río Pánuco con varios cientos de hombres y lanzó un ataque contra las posiciones españolas en Tampico.

El enfrentamiento no produjo una victoria definitiva, pero aumentó la presión sobre los invasores. Las lluvias, las enfermedades y la falta de suministros comenzaron a debilitar seriamente al ejército de Barradas.

Durante las semanas siguientes, los mexicanos estrecharon el cerco. Los españoles quedaron atrapados en una región desconocida, azotada por enfermedades tropicales y sin posibilidad de recibir fácilmente refuerzos.

Finalmente, después de nuevos combates, Barradas aceptó capitular.

Fracasa el último intento de reconquista

El 11 de septiembre de 1829, las fuerzas españolas firmaron su rendición en Pueblo Viejo, Veracruz.

Los soldados invasores entregaron sus armas y se comprometieron a abandonar el territorio nacional. Con aquella derrota terminó el último intento militar importante de España por recuperar México.

La victoria convirtió a Santa Anna en una figura nacional. La propaganda de la época lo presentó como el “Héroe de Tampico”, prestigio que posteriormente utilizaría para ascender en la vida política del país.

Sin embargo, el triunfo no fue obra de un solo hombre. En la campaña participaron soldados, milicianos, marinos y habitantes de Veracruz, Tamaulipas y la Huasteca, además de mandos como Manuel Mier y Terán.

Tuxpan en la defensa de la Independencia

La salida de la expedición el 4 de agosto de 1829 recuerda el papel estratégico que tuvo Tuxpan durante la defensa del México independiente.

El puerto sirvió como punto de aproximación para las fuerzas que avanzaban hacia Tampico. Su ubicación permitió a Santa Anna evitar una confrontación naval directa y trasladar a sus hombres por una ruta más segura para continuar la campaña por tierra.

Ocho años después de consumada la Independencia, México todavía tuvo que defenderla con las armas. Y en aquella defensa, Tuxpan volvió a ocupar un lugar importante como puerto, ruta militar y entrada natural a la Huasteca.