Tuxpan fue la puerta de entrada a Veracruz del recorrido religioso realizado en 2011 por una cápsula con sangre del llamado “Papa viajero” y una figura de cera que reproducía su imagen.

El 17 de septiembre de 2011, la ciudad vivió una jornada especial para la comunidad católica con la llegada de las reliquias del entonces beato Juan Pablo II.

El conjunto estaba integrado por una cápsula que contenía sangre del pontífice y una figura de cera. Ambas piezas formaban parte de una peregrinación por diferentes regiones de México, organizada meses después de que Juan Pablo II fuera beatificado por el papa Benedicto XVI, el 1 de mayo de ese año.

Las reliquias llegaron procedentes de la parroquia de San Pedro y San Pablo, ubicada en Villa Lázaro Cárdenas, Puebla. Tuxpan fue elegido como el primer punto de su recorrido por las ocho diócesis que entonces existían en el estado de Veracruz.

Durante algunas horas, numerosos feligreses tuvieron la oportunidad de acercarse para contemplarlas, elevar sus oraciones y recordar al pontífice polaco, quien visitó México en cinco ocasiones y mantuvo una relación especialmente cercana con los católicos mexicanos.

La presencia de las reliquias convirtió aquella jornada en un acontecimiento poco común para Tuxpan. No se trataba solamente de observar un objeto religioso, sino de recordar la vida y el mensaje de uno de los papas más influyentes del siglo XX.

Después de permanecer en la ciudad, el recorrido continuó hacia Poza Rica. Durante la noche se realizó una procesión desde el kilómetro 47 de la carretera a Cazones hasta la plaza cívica 18 de Marzo, donde el entonces obispo de Papantla, Jorge Carlos Patrón Wong, ofició una misa.

Posteriormente, las reliquias siguieron hacia Papantla y otras diócesis veracruzanas.

Aquel 17 de septiembre quedó registrado como una fecha significativa para la historia religiosa de Tuxpan: el día en que la ciudad recibió las reliquias de Juan Pablo II y se convirtió en la puerta de entrada de su peregrinación por Veracruz.