El 17 de septiembre de 2014 fue inaugurado el último tramo de la autopista México–Tuxpan, una obra esperada durante aproximadamente dos décadas que modificó la comunicación terrestre, el turismo y la actividad económica del puerto.

Después de años de obras, retrasos y promesas, el 17 de septiembre de 2014 finalmente quedó concluida la autopista México–Tuxpan, uno de los proyectos carreteros más importantes para el norte de Veracruz.

El entonces presidente Enrique Peña Nieto encabezó la inauguración del tramo Nuevo Necaxa–Ávila Camacho, de aproximadamente 37 kilómetros. Aunque la ceremonia se realizó en el estado de Puebla, la apertura de esa sección permitió completar el corredor que comunicaría de manera más rápida al Valle de México con el puerto tuxpeño.

No era cualquier tramo. La carretera tuvo que atravesar una de las zonas más complicadas de la Sierra Norte de Puebla, con montañas, barrancas y condiciones geológicas que obligaron a construir túneles, viaductos y grandes puentes.

Entre las estructuras más representativas se encontraba el puente San Marcos, posteriormente denominado Ingeniero Gilberto Borja Navarrete, levantado sobre una profunda barranca y convertido en uno de los símbolos de la autopista.

La construcción del corredor había comenzado aproximadamente 20 años antes. Durante ese tiempo participaron distintas administraciones federales y se enfrentaron dificultades técnicas, financieras y ambientales que fueron aplazando su conclusión.

Con la apertura del último tramo, el viaje entre la Ciudad de México y Tuxpan se redujo considerablemente. Un recorrido que podía prolongarse durante cinco o seis horas comenzó a realizarse, en condiciones favorables, en alrededor de tres horas.

Para Tuxpan, la nueva autopista representó mucho más que una vía rápida.

La cercanía con la capital del país impulsó la llegada de visitantes durante fines de semana, temporadas vacacionales y puentes festivos. Las playas tuxpeñas comenzaron a recibir un mayor número de turistas procedentes de la Ciudad de México, Hidalgo, Puebla y el Estado de México.

También mejoró el movimiento de mercancías hacia el puerto, fortaleciendo su posición logística y su comunicación con una de las regiones de mayor consumo del país. Hoteles, restaurantes, comercios y prestadores de servicios encontraron nuevas oportunidades, aunque el crecimiento también trajo retos en materia vial, urbana y ambiental.

La autopista no terminó con todos los problemas de comunicación de Tuxpan, pero sí cambió para siempre su relación con el centro del país. Desde aquel 17 de septiembre de 2014, el puerto dejó de sentirse tan lejano para millones de habitantes del Valle de México.

La carretera que durante años pareció interminable finalmente abrió sus carriles y convirtió a Tuxpan en la playa veracruzana más cercana a la capital del país.