Rocío Nahle pone fin al lastre financiero de Fidel y Duarte

por Jul 15, 2026En la Opinión de Antonio Arango

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Durante casi dos décadas, 199 municipios de Veracruz cargaron con una deuda que parecía no tener fin. Pagaban, pagaban y volvían a pagar, pero el saldo no desaparecía. Al contrario: crecía con la inflación mientras los bancos retenían participaciones, acumulaban reservas y seguían cobrando intereses.

Ese esquema tuvo un nombre elegante: bursatilización.

En los hechos, fue un lastre financiero construido durante el gobierno de Fidel Herrera Beltrán y heredado, administrado y profundizado en los años de Javier Duarte. Una de tantas decisiones tomadas en la época en que el dinero público parecía no tener dueño y las futuras generaciones podían hipotecarse sin que nadie rindiera cuentas.

La operación comenzó en 2008 con una emisión de alrededor de mil 208 millones de pesos. Dieciocho años después, los municipios ya habían pagado mil 837 millones únicamente en intereses y todavía debían más de lo que originalmente habían recibido.

Eso no era financiamiento sano, era una trampa financiera.

El 82 por ciento del adeudo estaba ligado a las Unidades de Inversión, las famosas UDIs, por lo que aumentaba conforme subía la inflación. El resto pagaba una sobretasa muy superior a las condiciones normales del mercado. Además, el fideicomiso retenía recursos adicionales de las participaciones municipales para integrar fondos de reserva y soporte.

Los municipios tenían garantizado el pago con sus participaciones federales y, aun así, los bancos mantenían cientos de millones de pesos inmovilizados.

Un negocio redondo para las instituciones financieras: Una condena para los ayuntamientos.

El gobierno de NUESTRA GOBERNADORA Rocío Nahle encontró más de mil millones de pesos distribuidos en tres cuentas del fideicomiso: 462 millones en participaciones, 413 millones en el fondo de reserva y 210 millones en una cuenta de soporte cuya existencia, según la propia Secretaría de Finanzas, ni siquiera había sido transparentada debidamente.

Con esos recursos y una aportación estatal cercana a los 500 millones de pesos, la administración estatal liquidó completamente la bursatilización. El esquema debía continuar hasta 2036, pero terminó en julio de 2026.

Florería Martínez

Hay que decirlo sin rodeos: Rocío Nahle acaba de cerrar uno de los capítulos más costosos y abusivos de la herencia financiera del fidelismo y el duartismo.

No se trata únicamente de pagar una deuda. Se trata de romper una cadena que durante años redujo la capacidad de los municipios para pavimentar calles, reparar escuelas, mejorar servicios públicos, atender comunidades y realizar obra.

Cada peso que se iba al fideicomiso era un peso que no llegaba a las colonias.

Cada interés pagado era una luminaria que no se instalaba, una calle que no se arreglaba o una necesidad social que debía esperar.

Por supuesto, Fidel Herrera no actuó solo. El Congreso de Veracruz autorizó el esquema y los cabildos municipales aprobaron su incorporación. Hubo legisladores, alcaldes, funcionarios, asesores financieros y bancos involucrados. La responsabilidad histórica no puede reducirse a una sola persona.

Pero tampoco debe maquillarse la realidad: el proyecto nació, fue promovido y se concretó bajo el gobierno de Fidel Herrera, en una administración donde Javier Duarte tuvo responsabilidades directas en el manejo de las finanzas estatales antes de convertirse en gobernador.

Durante años, Veracruz pagó las consecuencias de aquellos gobiernos.

Deudas con proveedores, compromisos fiscales, desvíos, empresas fantasma, municipios endeudados y recursos comprometidos por varias generaciones. Todo quedaba para después. Todo se refinanciaba. Todo se heredaba.

Ahora, vomo expresó la Gobernadora, corresponde vigilar a los alcaldes.

El dinero que ya no será retenido debe convertirse en obra, servicios y resultados, no en nuevas camionetas, asesores, fiestas, publicidad o créditos innecesarios.

Nahle también hizo bien al advertirles que los bancos pronto tocarán sus puertas para ofrecerles nuevos préstamos. Sería absurdo salir de una deuda de 18 años para entrar inmediatamente en otra.

En mi opinión, este logro tendrá verdadero sentido si los municipios aprenden la lección: no se puede gobernar hipotecando el futuro.

Fidel Herrera dejó la bursatilización, Javier Duarte dejó una administración quebrada y saqueada.

Rocío Nahle acaba de ponerle punto final a una de esas herencias.

Es un logro histórico, sí.

Pero también es un recordatorio: las malas decisiones de un gobierno pueden perseguir a los ciudadanos durante décadas.

FOTURA