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El Anillo…

por | Jul 17, 2012 | Reflexión, Revista

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Hace mucho tiempo, un tuxpeño llegó con un Consejero Espiritual de los Tuxtlas, y se dirigió a él de la siguiente manera:

-Estoy aquí, Señor Sabio, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada; ¡Necesito de su consejo!

Dicen que no sirvo para nada, que no hago nada bien, que soy tonto y muy idiota… ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El Sabio, sin mirarlo, le dijo:

-Lo siento mucho, joven, pero ahora no puedo ayudarte. Primero debo resolver mi propio problema, tal vez después… Y haciendo una pausa dijo: Si tú me ayudas y puedo resolver mi problema rápidamente, quizá pueda ayudarte a resolver el tuyo.

– ¡Claro Señor Sabio!, murmuró el joven… (Pero se sintió otra vez desvalorizado) El Sabio se sacó un anillo que llevaba en el dedo pequeño, se lo dio y le dijo:

-Baja el sendero y vete al mercado. Debes vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es preciso que obtengas por él el máximo posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y vuelve con la moneda lo más rápido posible.

El joven cogió el anillo y partió. Cuando llegó al mercado empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Ellos miraban con algún interés, atendiendo al joven cuando decía cuanto pretendía por el anillo.

Cuando decía que quería una moneda de oro, algunos reían, otros se apartaban sin mirarlo. Solamente un viejito fue amable de explicarle que una moneda de oro era mucho valor para comprar un anillo…

Intentando ayudar al joven, llegaron a ofrecerle una moneda de plata y una jícara de cobre, pero el joven seguía las instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro y rechazaba las ofertas,  después de ofrecer la joya a todos los que pasaban por el mercado, y abatido por el fracaso, tomo el sendero de nuevo y regresó…

El joven deseaba tener una moneda de oro para comprar el mismo el anillo, librando de la preocupación al Sabio, pudiendo así recibir su ayuda y consejos…  Al fin llegó y entró en la casa y dijo:

-Señor Sabio, lo siento mucho, pero es imposible conseguir lo que me pidió. Tal vez pudiese conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que se pueda engañar a nadie sobre el valor del anillo.

-Importante lo que me dices, joven, le contestó sonriente. (y hablándole como Yoda)

 

-Primero debemos saber el valor del anillo. Vuelve a tomar el sendero y vas a ver al joyero… ¿Quién mejor para saber su valor exacto?  Pero no importa cuánto te ofrezca, no lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.

El joven fue a ver al joyero y le dio el anillo para que lo examinara. El joyero lo examinó con una lupa, lo pesó y le dijo:

-Dile al Señor Sabio, que si lo quiere vender ahora no puedo darle más de 58 monedas de oro.

-¡¡58 MONEDAS DE ORO!! Exclamó el joven.

-Sí, contestó el joyero, y creo que con el tiempo podría ofrecer cerca de 70 monedas, pero si la venta es urgente…

El joven corrió emocionado a casa del sabio para contarle lo ocurrido.

Al llegar, entró inmediatamente a la casa todo emocionado…

-Siéntate, dijo el Sabio, y después de escuchar todo lo que el joven le contó, le dijo: Tu eres como ese anillo, una joya valiosa y única. Solamente puede ser valorada por un especialista.

-¿Pensabas que cualquiera podía descubrir su verdadero valor?

Y diciendo esto, volvió a colocarse su anillo en el dedo:

-Todos somos como esta joya. Valiosos y únicos y andamos por todos los mercados de la vida pretendiendo que personas inexpertas nos valoren…

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