Hubo fechas que pasaron casi desapercibidas para el ciudadano común, pero que terminaron cambiando el destino económico de regiones enteras. El 19 de mayo de 2017 fue una de ellas para Tuxpan.

Ese día arrancó oficialmente la construcción del gasoducto marino Sur de Texas–Tuxpan, una de las obras de infraestructura energética más ambiciosas de México y el primer ducto submarino de esta magnitud en el país. El banderazo se dio en Altamira, Tamaulipas, con la presencia del entonces secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell; los gobernadores de Veracruz y Tamaulipas; directivos de CFE y representantes de las empresas constructoras.

Para muchos tuxpeños aquello sonaba lejano. Una ceremonia en otro estado, discursos técnicos, cifras multimillonarias. Pero el destino final de aquella enorme arteria energética estaba aquí: Tuxpan, Veracruz.

Una autopista submarina de energía

El proyecto contempló un ducto de aproximadamente 800 kilómetros de longitud, tendido sobre el lecho del Golfo de México, desde el sur de Texas hasta las costas veracruzanas.

Su capacidad anunciada era monumental: 2 mil 600 millones de pies cúbicos diarios de gas natural, suficiente para representar una parte significativa del consumo nacional de aquel momento.

En términos simples: era como construir una autopista invisible bajo el mar, diseñada para alimentar plantas generadoras, industrias y redes energéticas de buena parte del país.

¿Por qué Tuxpan?

No fue casualidad.

Tuxpan ya se perfilaba como un nodo estratégico por su ubicación geográfica privilegiada:

  • salida natural hacia el Golfo de México
  • cercanía con el centro del país
  • conexión con infraestructura energética existente
  • capacidad portuaria en expansión

En otras palabras: Tuxpan dejó de ser solo puerto comercial y pesquero para convertirse en una pieza del ajedrez energético nacional.

Lo que prometían

En 2017 el discurso oficial hablaba de:

  • electricidad más barata
  • suministro energético más estable
  • reducción del uso de combustibles más contaminantes
  • atracción de inversión industrial
  • generación de empleos

La lógica era sencilla: traer gas natural barato desde Texas para sustituir combustibles más caros como combustóleo y diésel.

Lo que significó para Tuxpan

Más allá del lenguaje técnico, la llegada del proyecto consolidó algo que ya comenzaba a dibujarse:

Tuxpan como puerta energética de México.

Porque mientras durante décadas la ciudad fue conocida por su río, su puerto y su historia petrolera, aquel 19 de mayo marcó otro capítulo: el de la infraestructura energética del siglo XXI.

Ese día quizá no hubo fiesta en el malecón.

No hubo banda ni cohetes.

Pero bajo el Golfo comenzó a trazarse una obra que terminaría colocando el nombre de Tuxpan en conversaciones energéticas internacionales.

Y eso, en términos históricos, sí es una efeméride.