
A las seis de la mañana del 15 de abril de 1928, cuando el país apenas despertaba, un avión monomotor Fairchild encendía motores en el campo de “El Moralillo”. No era un vuelo cualquiera. Era el inicio de una nueva era.
Ese día nació oficialmente el primer servicio regular de transporte de correo aéreo en México, y Tuxpan formó parte de su ruta inaugural.
La línea establecida fue México–Tuxpan–Tampico, una decisión estratégica que colocó al puerto veracruzano en el corazón de la modernización de las comunicaciones nacionales. La operación fue posible gracias a una concesión otorgada por la entonces Secretaría de Transportes y Obras Públicas a la Compañía Mexicana de Aviación.
Al mando de la aeronave iba el capitán Edward J. Snyder, acompañado por George L. Rhil, presidente de la empresa. El avión, equipado con un motor de 420 caballos de fuerza, no solo llevaba tecnología: transportaba historia.
A bordo viajaban dos pasajeros, el licenciado Daniel Chavarría Infante y su esposa, la señora María Rocha de Chavarría, quienes realizaron su viaje de bodas convirtiéndose en los primeros pasajeros de esta ruta aérea.
Pero el verdadero protagonista era el cargamento: cinco valijas postales con 987 cartas y tres paquetes. Correspondencia que, hasta entonces, habría tardado días en llegar a su destino.
El Fairchild hizo escala en Tuxpan, donde se realizaron maniobras de carga y descarga. Ese momento —breve, técnico, casi invisible— fue en realidad un punto de quiebre: por primera vez, el puerto formaba parte de una red aérea que acortaba distancias y redefinía el tiempo.
Tras la escala, la aeronave continuó su trayecto rumbo a la capital del país, aterrizando a las nueve de la mañana en el Aeródromo Nacional de Balbuena.
Tres horas.
Ese fue el tiempo que bastó para demostrar que México podía comunicarse de una manera distinta.
La inclusión de Tuxpan en esta primera ruta no fue casualidad. Su ubicación estratégica en el Golfo y su papel como puerto de enlace lo convertían en un nodo natural para la expansión del correo aéreo.
A casi un siglo de distancia, aquel vuelo puede parecer una anécdota lejana. Pero en su momento representó un salto histórico: el tránsito de un país que dependía de caminos largos y lentos, a uno que comenzaba a mirar hacia el cielo para acercar a su gente.
Ese 15 de abril de 1928, Tuxpan no solo fue escala.
Fue parte del despegue de México.










