Hay invitaciones que uno recuerda toda la vida. A veces fue un plato de frijoles que alguien puso enfrente justo el día que andábamos sin comer. Y tuvo el buen tino de decir «siéntate, que ya está la comida», ahorrándonos la pena de explicar lo que pasaba en casa.
«Un estómago con hambre, un bolsillo vacío y un corazón roto te pueden enseñar las mejores lecciones de la vida».
La frase circula desde hace años atribuida a Robin Williams, aunque se desconoce su autoría. Quizá resulte fácil imaginarla en su voz. El actor y comediante, nacido en Chicago en 1951, saltó a la fama como el extraterrestre de Mork y Mindy. Tenía una facilidad extraordinaria para improvisar, pero también sabía cuándo quedarse callado en una escena. Muchos lo recuerdan como el profesor de La sociedad de los poetas muertos o como el terapeuta de Mente indomable, papel que le valió el Óscar al mejor actor de reparto.
El hambre cambia la manera de mirar un plato servido. Quien ha tenido que acostarse con un café por toda cena entiende cuánto puede valer esa invitación a comer. El bolsillo vacío enseña algo distinto. Basta llegar a la caja del supermercado, hacer cuentas por segunda vez y devolver un producto para entender la distancia que hay entre aconsejarle a alguien que se administre mejor y sacar una semana adelante con lo que trae en la cartera.
Y luego está el corazón roto. Ahí hasta los amigos más habladores se quedan cortos de palabras. Con el tiempo, uno quizá olvide los consejos que recibió después de una separación, pero se acuerda perfectamente del amigo que tocó la puerta un domingo y dijo «ponte los zapatos, vamos a dar una vuelta». Aquel hombre sabía que los domingos eran lo más pesado.
De toda la frase, la palabra más honesta es pueden. Hay temporadas difíciles que apenas dejan fuerzas para llegar al día siguiente. A veces la lección aparece años después, cuando a uno le toca estar del otro lado de la mesa. Llega alguien a la hora de la comida, dice que ya comió y, por el modo en que mira las tortillas, uno reconoce aquella vieja pena. Entonces acerca otra silla.
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“Sufrimos demasiado por lo poco que nos falta y gozamos poco de lo mucho que tenemos”- William Shakespeare
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«No hay nadie menos afortunado que el hombre al que la adversidad olvida» – Lucio Anneo Séneca
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«No hay obra que no se vuelva contra su autor: el poema aplastará al poeta, el sistema al filósofo, el acontecimiento al hombre de acción» –
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