
La historia de Tuxpan no puede entenderse sin el río, sin el mar… y tampoco sin el petróleo.
Un episodio poco recordado, pero profundamente significativo para el desarrollo económico de la región, ocurrió el 8 de mayo de 1962, cuando el gobierno federal emitió un decreto para la expropiación de terrenos pertenecientes al ejido La Calzada, en el municipio de Tuxpan, con el objetivo de ampliar infraestructura estratégica de Petróleos Mexicanos.
La decisión representó otro paso en la transformación de Tuxpan como enclave energético nacional.
Una pequeña superficie con gran impacto
Aunque la extensión expropiada fue relativamente reducida —7 hectáreas, 17 áreas y 42 centiáreas—, el propósito del decreto era de gran importancia.
Los terrenos serían destinados a la instalación de infraestructura vinculada al sistema de conducción petrolera operado por PEMEX.
De acuerdo con registros oficiales, el objetivo era facilitar el tendido del oleoducto de dieciséis pulgadas del punto I a Cobos, en Barra de Tuxpan, como ramal de conexión con otra línea principal procedente del campo petrolero Ezequiel Ordóñez.
Dicho de forma simple: Tuxpan se consolidaba como pieza clave dentro del entramado energético mexicano.
El México del desarrollo industrial
Era la época del llamado “desarrollo estabilizador”. México apostaba fuerte por la industrialización, el crecimiento de infraestructura y la expansión de empresas estratégicas del Estado.
PEMEX no era solo una petrolera. Era símbolo de soberanía nacional. Cada oleoducto, terminal o instalación energética representaba progreso según la narrativa oficial del momento.
Pero detrás de esas decisiones también estaban las comunidades rurales que veían modificarse su territorio.
La Calzada: entre el campo y la modernidad
El ejido La Calzada formaba parte del mosaico rural tuxpeño que durante décadas sostuvo actividades agrícolas y ganaderas.
Como muchos núcleos ejidales creados tras la Reforma Agraria, representaba la propiedad social de la tierra conquistada por campesinos mexicanos.
Por eso cada expropiación tenía un peso simbólico importante. No era solo una transferencia de suelo. Era el cruce entre dos visiones de país: el México agrario surgido de la Revolución y el México industrial que apostaba por el petróleo.
El Tuxpan petrolero comenzaba a tomar forma
Para entonces, la vocación estratégica de Tuxpan ya era evidente. Su ubicación costera, conectividad fluvial y cercanía con regiones productoras lo convertían en un nodo natural para operaciones energéticas.
Décadas después, esa lógica crecería con terminales, almacenamiento, logística portuaria y conexiones terrestres que hoy siguen definiendo parte de la economía local. Aquel decreto de 1962 fue una pequeña pieza de ese rompecabezas mayor.
Una efeméride que explica el presente
A veces las decisiones que parecen técnicas terminan moldeando generaciones enteras. El 8 de mayo de 1962, unos terrenos ejidales cambiaron de destino. Lo que parecía una simple expropiación administrativa fue, en realidad, otro capítulo en la construcción del Tuxpan moderno.
Un Tuxpan que aprendió a convivir entre la tierra, el río… y el petróleo.












