
La historia de esta ciudad no solo se escribe desde su río o su puerto. También se escribe desde el cielo.
El siete de enero de mil novecientos cuarenta y cuatro, el joven tuxpeño Fausto Vega Santander alcanzó un hito que lo colocaría en la memoria histórica local: se graduó como Piloto Aviador en la base aérea de Eagle Pass, Texas, convirtiéndose en uno de los veracruzanos que más tarde integraría el legendario Escuadrón 201 de la Fuerza Aérea Mexicana, unidad que participó en misiones de combate durante la Segunda Guerra Mundial.
De la Atalaya al firmamento
Nacido y formado en Tuxpan, Fausto creció mirando el Cerro de la Atalaya, que por décadas fue guardián de la ciudad. Pero su destino no estaba en la tierra alta, sino en las alturas infinitas.
Su graduación en Texas no solo representó un logro personal. Fue un mensaje de época: México y Veracruz comenzaban a construir talento militar especializado capaz de proyectarse en escenarios internacionales.
El Escuadrón 201, donde Tuxpan también tuvo alas
Meses después de su graduación, Fausto Vega Santander formaría parte del grupo de pilotos que integrarían el primer contingente aéreo mexicano enviado al extranjero para participar en operaciones de combate, en el teatro del Pacífico. Su presencia ahí consolidó su lugar como uno de los nombres que dan identidad y orgullo a la aviación militar mexicana desde esta región.
Legado y memoria
Hoy, cuando el rugido de los aviones se escucha lejano, la historia de Fausto nos recuerda que los grandes tuxpeños no siempre hacen ruido en la plaza pública; a veces lo hacen en los motores que desafían la gravedad.
Y que, incluso en tiempos de guerra mundial, Tuxpan tuvo un representante que llevó el nombre de su tierra a las nubes, a la historia y al honor.












