La mañana del veintiocho de diciembre de mil novecientos noventa y uno, el puerto de Tuxpan vivió uno de los incidentes ambientales más significativos de su historia moderna: un derrame de hidrocarburo cercano a la boya de descarga de la Central Termoeléctrica Adolfo López Mateos. El vertido, estimado en alrededor de trescientas cuarenta toneladas, activó de inmediato los protocolos de contención y limpieza de la Armada de México.

La Tercera Zona Naval Militar quedó a cargo de las operaciones de recolección del combustible y saneamiento de las áreas afectadas, en un despliegue que incluyó personal y medios logísticos para mitigar el impacto en el ecosistema marino y en la franja costera tuxpeña.

Aunque la conmemoración del 28 de diciembre es conocida en México como el Día de los Santos Inocentes, en Tuxpan ese año no hubo espacio para bromas: la mancha de combustible sobre el mar recordaba que la vulnerabilidad ambiental también podía golpear a una ciudad acostumbrada a las emergencias petroleras y portuarias.

El incidente ocurrió apenas meses después de que la termoeléctrica —instalación estratégica para el sistema eléctrico nacional— iniciara operaciones formales en 1991. El complejo ya había sido integrado en los planes de vigilancia naval derivados de la Operación Arpe 01/91, diseñada para la protección de instalaciones de PEMEX en los litorales mexicanos en el contexto de tensiones globales por el conflicto del Golfo Pérsico. Aunque la misión Arpe tuvo énfasis en seguridad física y marítima, su vigencia coincidió con un periodo de alta sensibilidad a incidentes petroleros en la región.

La intervención naval permitió evitar que el derrame escalara a una crisis de mayor alcance. No obstante, el suceso marcó un precedente en la conversación pública sobre los riesgos ambientales asociados a la infraestructura energética de la zona, abriendo paso a años posteriores de fortalecimiento institucional en materia de protección ecológica marina, recolección de residuos líquidos y sólidos de buques, recintos portuarios y playas, tareas que la SEMAR había priorizado desde inicios de los ochenta y que consolidaría en los años noventa.

El compromiso de la Secretaría de Marina, inscrito en sus objetivos institucionales del periodo 1964-1994, ha sido salvaguardar la vida humana en la mar, mantener el Estado de Derecho en sus zonas marítimas y costeras, y apoyar a la población en casos de desastre, principios que guiaron también la atención de este incidente en Tuxpan.


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