
El veinticinco de febrero de mil novecientos cuarenta y dos nació en Tuxpan, Veracruz —en la zona de La Barra Norte— Carlos Lorenzo Mañueco, uno de los nombres que colocaron al puerto en la pista del deporte internacional.
En una época en la que entrenar atletismo en provincia implicaba carencias, disciplina férrea y mucha voluntad, Mañueco destacó en las pruebas de cien y doscientos metros planos, convirtiéndose en uno de los velocistas más prometedores de su generación. Su talento y constancia lo llevaron a representar a México en los Juegos Olímpicos de Tokio 1964, un logro que marcó un antes y un después para el atletismo tuxpeño.
🌊 De la ribera del río a la pista olímpica
Crecido entre el viento salino y el ritmo del río Tuxpan, Carlos Lorenzo Mañueco forjó su carácter en un entorno donde el deporte no era una industria, sino una vocación. Sin las facilidades de los grandes centros urbanos, su carrera se construyó a base de perseverancia.
Llegar a una justa olímpica en la década de los sesenta significaba cruzar fronteras físicas y simbólicas. Representar a México en Tokio fue, además de un honor personal, una hazaña colectiva para Tuxpan: demostraba que desde esta tierra también podían surgir atletas de talla mundial.
🏅 Un legado que inspira
La participación de Mañueco en Tokio mil novecientos sesenta y cuatro permanece como uno de los hitos deportivos más importantes en la historia del municipio. Su nombre forma parte de esa generación que abrió camino para que otros jóvenes soñaran en grande.
Hoy, al recordar su nacimiento, Tuxpan no solo celebra a un atleta, sino a un símbolo de disciplina y orgullo regional.
Porque si algo nos enseña la historia de Carlos Lorenzo Mañueco es que la velocidad no solo se mide en segundos… también en la capacidad de trascender fronteras desde el lugar donde uno nace.












