
Antes de que existiera el puerto con su trazo urbano definido, antes del bullicio comercial y del crecimiento moderno, lo que hoy es Tuxpan, Veracruz era conocido como Tabuco, una antigua pesquería asentada en la margen del río.
Entre los años mil seiscientos cinco y mil seiscientos seis, durante la visita pastoral del obispo novohispano Alonso de la Mota y Escobar, quedó asentado un dato que hoy resulta fundamental para entender el origen espiritual de la región: la existencia de una “ermita muy decente” en Tabuco.
La frase, sencilla pero poderosa, constituye una de las primeras referencias documentales sobre organización religiosa formal en la zona. Aquella ermita no era solo un edificio; era el punto de encuentro comunitario, el espacio donde se tejían la fe, la identidad y la cohesión social de un asentamiento que comenzaba a definirse como comunidad.
En el contexto del siglo XVII, la presencia de una ermita implicaba estructura, reconocimiento y cierta estabilidad poblacional. No se trataba de un campamento efímero, sino de un núcleo con vida organizada, con vínculos espirituales y sociales que anticipaban el crecimiento posterior.
Con el tiempo, esa semilla daría paso a parroquias consolidadas, tradiciones religiosas y una identidad profundamente marcada por la fe que aún hoy forma parte del rostro cultural tuxpeño.
🌊 Tabuco: el Tuxpan que comenzaba
Hablar de Tabuco es hablar del Tuxpan primigenio: pescadores, comerciantes ribereños, rutas fluviales y una vida que giraba en torno al río. En ese escenario natural y estratégico, la Iglesia desempeñó un papel articulador.
La referencia del obispo no es menor: demuestra que ya en los primeros años del siglo XVII el asentamiento tenía relevancia suficiente para ser visitado y registrado dentro de la estructura eclesiástica novohispana.
Esa pequeña ermita simboliza el inicio de una historia que trascendería siglos. Es, en términos históricos, una de las primeras huellas tangibles del proceso que llevaría a Tabuco a convertirse en Tuxpan.
✨ Una fecha para recordar
El veinticinco de febrero nos invita a mirar atrás y reconocer que la identidad tuxpeña no surgió de la nada. Se construyó paso a paso, entre río y fe, entre trabajo y comunidad.
Si hoy Tuxpan tiene templos, celebraciones, procesiones y tradiciones arraigadas, es porque hace más de cuatro siglos alguien dejó constancia de una humilde pero significativa “ermita muy decente” en Tabuco.
Y en esa sencillez comenzó una historia que todavía se escribe.




















