La comunidad escolar aprovechó la compensación recibida por su antiguo inmueble para fortalecer la enseñanza científica en Tuxpan

El 22 de agosto de 1964 quedó marcado en la historia educativa de Tuxpan. Ese día fueron inaugurados los laboratorios experimentales de Física y Química de la Escuela de Bachilleres Manuel C. Tello.

No fue una obra surgida de la casualidad. Detrás de aquellos nuevos espacios hubo organización de los padres de familia, colaboración con el Gobierno del Estado y una decisión importante: destinar los recursos obtenidos a mejorar la formación de los estudiantes.

La historia comenzó cuando la Escuela Manuel C. Tello dejó el inmueble que ocupaba en la avenida Juárez para trasladarse a sus nuevas instalaciones.

La antigua propiedad fue entregada por la Sociedad de Padres de Familia al Gobierno del Estado de Veracruz. En ese terreno se construiría posteriormente un jardín de niños, por lo que el gobierno compensó a la comunidad escolar con 70 mil pesos.

En lugar de repartir o utilizar ese dinero en gastos menores, se acordó invertirlo en la habilitación de dos espacios que hacían falta en la institución: los laboratorios experimentales de Física y Química.

La decisión representaba una apuesta por una educación más completa. Los estudiantes ya no tendrían que limitarse a copiar fórmulas del pizarrón, memorizar conceptos o conocer los experimentos únicamente a través de los libros.

En los nuevos laboratorios podrían observar, medir, mezclar sustancias, comprobar reacciones y entender mediante la práctica lo aprendido dentro del salón de clases.

La inauguración fue registrada por Pericles Namorado Urrutia, quien entonces se encontraba ligado a la dirección de la Escuela Manuel C. Tello y posteriormente tendría una amplia trayectoria como docente, escritor, abogado, funcionario público y presidente municipal de Tuxpan.

En sus apuntes dejó constancia de que los laboratorios fueron inaugurados el 22 de agosto de 1964 y destacó la participación de la Sociedad de Padres de Familia en el proceso que permitió obtener los recursos.

Más allá del corte de listón, la apertura de estos espacios significó un avance para la educación media superior en Tuxpan.

En aquellos años, contar con laboratorios equipados no era algo común en todas las escuelas. Muchas instituciones funcionaban con recursos limitados y la enseñanza científica se impartía principalmente de manera teórica.

Por eso, la inversión realizada por la comunidad de la Manuel C. Tello tuvo un valor especial. Permitió que varias generaciones de estudiantes se acercaran a la ciencia desde la experimentación y no solamente desde los libros.

La propia escuela se convertiría con el paso del tiempo en una institución fundamental para el desarrollo educativo de la ciudad. Años después, sus instalaciones también albergarían actividades relacionadas con los primeros programas universitarios de Biología y Medicina Veterinaria y Zootecnia de la Universidad Veracruzana en Tuxpan.

El episodio demuestra que la historia de las escuelas no se construye únicamente desde los escritorios gubernamentales. También se escribe con la participación de maestros, directivos, estudiantes y padres de familia que deciden trabajar por un objetivo común.

La antigua finca de la avenida Juárez sirvió para abrir un espacio destinado a la educación de los niños más pequeños. A cambio, la Escuela Manuel C. Tello recibió recursos que fueron transformados en laboratorios para los jóvenes bachilleres.

Una propiedad escolar dio paso a otro plantel y la compensación obtenida terminó convertida en instrumentos, mesas de trabajo y espacios para aprender Física y Química.

El 22 de agosto de 1964, Tuxpan no solamente inauguró dos laboratorios. También confirmó que invertir en educación y conocimiento era una de las mejores formas de preparar a las nuevas generaciones.

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