Antes de que los enormes buques petroleros surcaran las aguas del puerto y mucho antes de que la industria energética transformara el rostro del norte de Veracruz, hubo una fecha que marcó el inicio de una nueva era para Tuxpan.

El 18 de mayo de 1906, la compañía británica S. Pearson & Son Limited, encabezada por el empresario inglés Weetman Dickinson Pearson, obtuvo la que es considerada la primera concesión petrolera formal en Tuxpan, un hecho que colocó a este puerto en el naciente mapa energético de México.

La noticia, registrada en fuentes históricas veracruzanas, representa uno de los momentos más trascendentales en la historia económica de la región.

A principios del siglo XX, México vivía el auge del porfiriato, una época marcada por la apertura a la inversión extranjera, el desarrollo ferroviario y la modernización industrial. En ese contexto, el petróleo comenzaba a perfilarse como el combustible del futuro.

Y Tuxpan tenía todo para convertirse en protagonista.

Su posición geográfica privilegiada frente al Golfo de México, la navegabilidad de su río y la cercanía con zonas con potencial petrolero hacían del puerto un punto estratégico para la exploración, extracción y eventual exportación de hidrocarburos.

Pearson no era cualquier inversionista. Su conglomerado ya tenía intereses en infraestructura y energía en México, y más adelante sería pieza clave en la expansión de la industria petrolera nacional mediante la creación de El Águila, empresa que dominaría buena parte del sector antes de la expropiación petrolera de 1938.

Aunque los grandes campos petroleros se desarrollarían con fuerza en las décadas posteriores, aquella concesión del 18 de mayo de 1906 fue la chispa inicial que vinculó formalmente a Tuxpan con el negocio energético.

Con el tiempo, esa relación transformaría profundamente la economía local.

El puerto dejó de ser únicamente una salida comercial regional para convertirse en un enclave estratégico del petróleo mexicano. Terminales marítimas, almacenamiento de combustibles, movimiento industrial y comercio energético terminarían definiendo parte importante de su identidad moderna.

Más de un siglo después, Tuxpan sigue siendo una pieza clave del rompecabezas energético nacional.

Lo que comenzó con una firma británica en 1906 terminó convirtiéndose en una historia que aún se escribe entre muelles, ductos y el inconfundible aroma del combustible moviendo a México.