
La historia del periodismo en Tuxpan no puede entenderse sin mencionar a Lucila Lima Cabrera, mejor conocida por generaciones de lectores como «Lulica Maya», una mujer que convirtió la vida social de la ciudad en una crónica permanente y que dejó un legado invaluable para la memoria colectiva del puerto.
Un día como hoy, 1 de julio de 1944, nació quien años más tarde se convertiría en una de las periodistas más queridas y reconocidas de Tuxpan.
Su vocación periodística comenzó en la Ciudad de México, donde trabajó en el periódico El Heraldo de México y cursó estudios en la prestigiada Escuela de Periodismo «Carlos Septién García», institución formadora de destacados comunicadores mexicanos.
Al regresar a Tuxpan, Lulica encontró el espacio ideal para desarrollar un estilo propio. Durante años publicó sus tradicionales columnas de sociales en La Opinión y Diario de Tuxpan, donde daba cuenta de bodas, quince años, aniversarios, graduaciones, reuniones familiares y los acontecimientos que marcaban la vida cotidiana de la sociedad tuxpeña.
Sin embargo, su obra más recordada fue la revista La Farándula, una publicación que alcanzó enorme popularidad y que prácticamente era lectura obligada en los hogares de Tuxpan.
Con una narrativa elegante, amena y cercana, Lulica Maya describía los pormenores de la vida social de la élite tuxpeña, retratando personajes, costumbres y acontecimientos que hoy forman parte de la historia contemporánea de la ciudad. Sus textos no solo informaban; también documentaban una época, preservando momentos que de otra manera se habrían perdido con el paso del tiempo.
Para muchos tuxpeños, hojear las páginas de La Farándula significaba enterarse de los acontecimientos más importantes de la semana, reconocer rostros familiares y revivir los eventos que daban identidad a la comunidad. La revista terminó por convertirse en un verdadero archivo de la vida social del puerto.
Más allá de las notas de sociedad, Lulica Maya demostró que el periodismo también puede construirse desde la cercanía con la gente, la observación de las tradiciones y el registro de los pequeños acontecimientos que, con el paso de los años, terminan formando la historia de una ciudad.
Hoy, al recordar su nacimiento, Tuxpan rinde homenaje a una periodista cuya pluma dejó una huella imborrable en la memoria del puerto y cuyo trabajo continúa siendo una valiosa referencia para comprender la vida social tuxpeña de la segunda mitad del siglo XX.


