Ponerles nombre también es hacer justicia
Hay discursos que merecen atención por las personas que nos invitan a recordar. El de Rodolfo Bouzas Medina, coordinador general de Comunicación Social, durante la Guardia de Honor por el aniversario del inicio de la Independencia, tuvo un acierto: ponerles nombre a mujeres cuya participación merece mucho más espacio en nuestra memoria.
María Teresa Medina, María Josefa Martínez, Ana Villegas, Teodora Rodríguez, Casimira Camargo, Francisca y Magdalena Godos. Vale la pena detenerse a leer sus nombres. A veces hablamos de “las mujeres de la Independencia” como si fueran un grupo sin rostro, sin decisiones propias y sin una historia que contar.
Bouzas recordó a quienes pusieron su casa y sus recursos al servicio de los insurgentes, a quienes atendieron heridos, fabricaron cartuchos y pólvora o asumieron el mando. En esas tareas había riesgo, convicción y una participación que ayudó a sostener la lucha.
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Me parece valioso que una ceremonia cívica sirva para traerlas a la conversación. Porque recordar también exige preguntarnos a quiénes hemos dejado fuera del relato y cuánto sabemos de quienes contribuyeron a construir el lugar donde vivimos.
El mensaje enlazó esa participación con la llegada de Rocío Nahle García a la gubernatura de Veracruz. Hay una dimensión histórica en que una mujer encabece el Poder Ejecutivo estatal, y reconocerla tiene sentido por lo que representa para las generaciones que vienen.
Una niña que ve a una mujer gobernar encuentra una referencia concreta de hasta dónde puede llegar. Puede imaginarse tomando decisiones, dirigiendo una institución y ocupando espacios que durante mucho tiempo parecían reservados para los hombres. Esa posibilidad tiene un valor que merece reconocerse.
También fue acertado llevar el homenaje al presente: a las mujeres que trabajan en el campo, enseñan, atienden pacientes, investigan, emprenden y sirven desde las instituciones. Ahí continúa una historia de esfuerzo que tiene nombres propios, aunque muchas veces no llegue a los discursos ni a los reconocimientos.
Y hubo una idea que vale la pena recoger: la soberanía se construye todos los días mediante la educación, la salud, la seguridad y el bienestar. Es una manera de acercar una palabra solemne a las necesidades de la gente. La independencia adquiere un sentido más profundo cuando las personas cuentan con condiciones para decidir sobre su vida y salir adelante.
Por eso, el llamado de Bouzas a honrar esa memoria con trabajo honesto y responsabilidad me parece un buen cierre. A los servidores públicos les corresponde traducir esas palabras en atención, decisiones y resultados. Esa es una forma concreta de estar a la altura de las personas a quienes se rinde homenaje.
Hoy más que una opinión, celebro que en esta Guardia de Honor se haya dado espacio a esas veracruzanas. Ojalá sus nombres despierten curiosidad, lleguen a más aulas y nos animen a conocer sus historias.
El reconocimiento empieza por algo tan sencillo, y tan necesario, como dejar de hablar de ellas en general y comenzar a llamarlas por su nombre.
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