El Verde de Tuxpan se queda sin su dueño… ¿y ahora quién llevará los votos?
Durante las últimas dos elecciones municipales, el Partido Verde logró colocarse como la segunda fuerza política de Tuxpan. Visto desde fuera, cualquiera podría pensar que el partido finalmente echó raíces, construyó una estructura sólida y conquistó a miles de ciudadanos.
Pero no nos engañemos: esos resultados no fueron del Verde. Fueron de Alberto Silva Ramos.
Antes de su llegada, el PVEM existía en Tuxpan porque aparecía en las boletas, tenía un comité y participaba en coaliciones. Nada más. No era una fuerza capaz de disputar la Presidencia Municipal ni contaba con una base suficiente para competir por su cuenta.
Los números son claros.
En la elección de 2017, el Verde recibió alrededor de 1,900 votos. Cuatro años después, con Alberto Silva como candidato, obtuvo 13,773 sufragios y quedó en segundo lugar. En 2025 volvió a ocupar la segunda posición, ahora con 11,878 votos.
El partido pasó de menos de dos mil votos a casi catorce mil. ¿Los tuxpeños se volvieron ecologistas de la noche a la mañana? Por supuesto que no.
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Lo que ocurrió fue mucho más sencillo: Alberto trasladó al Verde una parte de la estructura que había construido durante años, primero dentro del PRI y después alrededor de su propia figura. Llegaron sus simpatizantes, sus operadores, antiguos colaboradores y ciudadanos que recordaban favorablemente su paso por la Presidencia Municipal.
El Verde puso el logotipo; Alberto puso los votos.
Gracias a esa votación, varios integrantes de sus planillas encontraron un lugar en el Cabildo. En la administración actual entraron tres representantes del PVEM: Ivis Salas Valdez, Gonzalo Monroy García y María Teresa Osorio Nieto.
Los tres disfrutarán durante cuatro años de posiciones que no consiguieron individualmente. Llegaron por la cantidad de votos acumulados por la candidatura de Alberto Silva. Eso no es una ofensa ni pretende quitarles méritos personales. Es simplemente una realidad electoral.
Ahora que Alberto se retira, la pregunta es inevitable:
¿Quién va a sustituirlo y, sobre todo, quién va a conservar sus votos?
Porque una cosa es heredar la oficina del partido, las sillas, las fotografías, los grupos de WhatsApp y hasta el nombramiento de coordinador municipal. Otra muy diferente es recibir una base de doce mil electores, porque los votos no se heredan mediante un oficio.
Hasta este momento, dentro del Verde tuxpeño no aparece una figura con la fuerza suficiente para reemplazar a Alberto. Puede haber regidores, empresarios y personajes con buenas relaciones en Xalapa, pero ninguno ha demostrado que pueda llevar por sí mismo a diez o doce mil personas a las urnas.
Los actuales ediles tienen una oportunidad. Durante los próximos años podrán recorrer colonias, atender gestiones, resolver problemas y construir una identidad propia. Pero deberán entender algo: aparecer en fotografías, hacer reels para sentirse popular, asistir a ceremonias y cobrar puntualmente no construye una base electoral, si quieren conservar la representación del partido, tendrán que trabajar.
¿El final de la familia Monroy en la política?
En el caso de Gonzalo Monroy existe otro elemento que debe tomarse en cuenta. Su familia ya tuvo participación en la administración municipal anterior por medio de Marianela Monroy, su hija. Ahora es él quien ocupa una regiduría representando al Partido Verde. En ambos casos, la oportunidad política llegó alrededor del proyecto de Alberto Silva.
Esto podría significar que estamos viendo la última participación de la familia Monroy en la política municipal, al menos por ahora. Sin Alberto como candidato y sin una votación personal comprobada, resultará complicado mantener durante una tercera administración consecutiva una posición dentro del Ayuntamiento… La familia Monroy tuvo dos oportunidades seguidas: primero Marianela y después Gonzalo. El siguiente paso tendría que ser demostrar que durante esos años construyeron una base propia y no solamente ocuparon espacios obtenidos por la fuerza electoral de otra persona, porque tampoco basta con formar parte del Cabildo para convertirse automáticamente en candidato competitivo.
Si Gonzalo Monroy pretende continuar en la política después de esta administración, a través de cualquier miembro de su familia -incluso familia política- tendrá que demostrar que puede convocar ciudadanos, organizar una estructura y obtener votos con su propio nombre. De lo contrario, su regiduría podría terminar siendo el cierre de un ciclo familiar que dependió políticamente del liderazgo de Alberto Silva. ¿Usted cree que Gonzalo o Marianela puedan lograr una hazaña semejante? Yo no. Realmente no lo creo.
Lo mismo puede decirse de los otros representantes del Verde. De los tres podría surgir una candidatura, pero primero alguno deberá demostrar que puede caminar sin la sombra de Alberto, si se dedican únicamente a disfrutar el cargo y esperan que en la próxima elección el Verde vuelva a repartir posiciones, podrían llevarse una sorpresa.
Sin Alberto, el Verde podría regresar a sus viejos números
El problema no es únicamente encontrar un nuevo presidente para el comité municipal. El verdadero reto es encontrar a una persona conocida, aceptada y con capacidad para mantener unidos a los operadores que permanezcan después de la salida de Alberto, si no lo hacen, el Verde podría regresar rápidamente a sus números anteriores. Y con dos mil o tres mil votos difícilmente repetirá las tres regidurías obtenidas en 2025. Dependiendo de la participación y de cómo se distribuya la votación, incluso podría quedarse sin representación en el próximo Cabildo.
La otra salida sería competir en coalición con Morena, pero entonces aparece otra pregunta: ¿qué ofrecería el Verde en la negociación?
En 2025, Morena demostró que podía ganar Tuxpan sin el PVEM. Daniel Cortina consiguió más de veinte mil votos mientras Alberto Silva, compitiendo por separado, quedó en segundo lugar. En aquel momento, el Verde podía sentarse a negociar presumiendo una fuerza cercana a los doce mil sufragios, pero sin Alberto, esa carta podría desaparecer.
Una alianza futura seguramente dependería más de los acuerdos estatales que de la fuerza real del comité municipal. Morena podría concederle al Verde una regiduría, una sindicatura o alguna otra posición, pero lo haría como parte de una negociación política, no necesariamente porque necesitara sus votos en Tuxpan, y ese sería un retroceso importante: pasar de disputar la Presidencia Municipal a conformarse con una posición concedida dentro de una coalición.
En mi opinión, Alberto Silva deja al Verde en una situación curiosa. Lo colocó dos veces como segunda fuerza municipal, consiguió miles de votos y permitió que varios integrantes de su grupo llegaran al Cabildo. Sin embargo, no dejó claramente preparado a un sucesor. Deja representantes, pero no un heredero. Deja una estructura, pero no sabemos cuánto tiempo permanecerá unida.
Y deja cerca de doce mil votos que podrían repartirse entre Morena, Movimiento Ciudadano, el PRI, otro candidato o simplemente quedarse en casa y no salir a votar… La próxima elección municipal será la verdadera prueba para el Partido Verde de Tuxpan. Entonces sabremos si durante estos años se construyó una organización política o solamente se utilizó una franquicia electoral alrededor de un personaje.
Por ahora, la conclusión es bastante sencilla: Alberto Silva no llegó a un Verde fuerte. Él hizo fuerte al Verde. Y ahora que se va, el partido tendrá que demostrar si aprendió a caminar o si volverá a ser aquel Verde de menos de dos mil votos que necesitaba una coalición para sobrevivir.


