Volver a CUIDAR A LA GENTE
Durante años, en Veracruz se nos quiso vender la austeridad como virtud, incluso cuando esa “virtud” costaba salud pública. Uno de los ejemplos más absurdos fue la desaparición práctica de las campañas sistemáticas de fumigación contra el mosquito transmisor del dengue, zika y chikungunya durante el sexenio de Cuitláhuac García Jiménez.
Porque sí, ahorrar dinero está bien… hasta que ese ahorro se traduce en hospitales saturados, familias enfermas y colonias enteras viviendo con el temor de una picadura que puede convertirse en una crisis médica.
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En Tuxpan lo vivimos. Mientras el mosquito no descansaba, la respuesta institucional parecía sí hacerlo, por eso hay decisiones que merecen reconocerse. Hoy, con la reactivación de las jornadas de fumigación en colonias tuxpeñas, no estamos hablando simplemente de pasar una máquina echando humo por las calles. Estamos hablando de una política pública básica, de sentido común, que nunca debió abandonarse.
Campo Real, Cabo Alto, Cabo Rojo, Las Palmas, Lázaro Cárdenas, Anáhuac, Géminis, Benito Juárez, Los Artistas, 17 de Octubre, Jesús Reyes Heroles, FOVISSSTE, Ruiz Cortines, La Calzada, La Mata, Petrópolis, Federico García Blanco y Rosa María ya han sido atendidas.
Y eso importa, porque la prevención siempre será más barata que atender una epidemia, porque cada familia que evita una enfermedad es una victoria silenciosa, porque gobernar no es administrar excusas; es resolver problemas.
También hay que decirlo con claridad: estas acciones no ocurren por generación espontánea. Hay gestión, hay insistencia y hay voluntad política. En este caso, resulta justo reconocer el trabajo del alcalde Daniel Cortina Martínez, quien ha tocado puertas y gestionado ante la gobernadora Rocío Nahle García para que Tuxpan reciba atención en temas prioritarios de salud pública.
Y también merece reconocimiento una administración estatal que parece entender algo fundamental: la salud no es un gasto, es una obligación.
En mi opinión, cuando un gobierno regresa a hacer lo básico pero indispensable, no se le aplaude por heroísmo; se le reconoce por corregir el rumbo, porque el mosquito no distingue colores partidistas, pero sí cuando el gobierno desaparece… y cuando finalmente vuelve.


