Quince pesos y el mísmo desorden
En Poza Rica, el pasaje del taxi ya subió a quince pesos. No está formalmente autorizado, pero en los hechos ya se cobra. Y como suele pasar en Veracruz, la autoridad no lo permitió de manera abierta, pero tampoco lo impidió. Lo toleró. Que es casi lo mismo.
Los trabajadores del volante alegan que no pueden sostener las tarifas anteriores por el aumento en combustibles, refacciones, mantenimiento e inflación. Y tienen razón en una cosa: todo cuesta más. El problema es que esa carga, otra vez, termina cayendo sobre el ciudadano, sin que exista una verdadera regulación ni una mejora real en el servicio.
Porque si el usuario va a pagar más, por lo menos tendría derecho a recibir algo mejor. Unidades en buen estado. Trato digno. Horarios regulares. Menos abusos. Que no lo obliguen a ir apretado, que no le salgan con tarifas “especiales” cuando llueve, cuando hay feria, cuando es domingo o cuando simplemente al taxista se le antoja. Pero no. En muchos casos sube el cobro, y el servicio sigue siendo el mismo o peor.
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Aquí conviene decir una verdad que todos conocen, pero pocos quieren tocar: buena parte de los taxis en Veracruz operan como transporte colectivo sin tener concesión para ello. Hacen ruta, levantan pasaje por tramos, establecen bases y cubren colonias enteras como si fueran microbuses o combis. Es una ilegalidad tolerada. ¿Por qué? Porque el Estado no ha sido capaz de garantizar suficiente transporte colectivo formal.
Entonces ocurre lo de siempre: se castiga al ciudadano con un sistema improvisado. El taxi cubre una necesidad real, sí. Pero también aprovecha el vacío legal y operativo. Y mientras el gobierno se hace el desentendido, el usuario queda atrapado entre la necesidad de moverse y la ausencia de reglas claras.
La raíz del problema no está solo en los taxistas. Está en años de malas decisiones, de concesiones entregadas sin orden y de un modelo de movilidad que se fue pudriendo con los años. Ahí están las herencias de los gobiernos que saturaron de taxis las ciudades, pero nunca construyeron un sistema suficiente de transporte urbano. Mucho coche de alquiler, poco transporte público real.
Por eso la solución no puede ser solamente mandar inspectores o amagar con operativos. Eso sería tapar el sol con un dedo. Si el gobierno realmente quisiera resolver el problema, tendría que reestructurar el sistema y reconocer una realidad que ya existe en la calle.
Una salida viable sería convertir legalmente una parte del padrón de taxis en unidades de transporte colectivo concesionado. Separar con claridad qué vehículo es taxi y cuál es colectivo. Que uno preste servicio individual, y que el otro cubra rutas definidas, con tarifa establecida, horarios obligatorios y supervisión real.
Eso traería varias ventajas. Primero, daría certeza al usuario sobre cuánto va a pagar. Segundo, obligaría a los prestadores a respetar rutas y frecuencias. Tercero, pondría orden donde hoy reina la conveniencia. Y cuarto, evitaría esa trampa cotidiana en la que las “bases” desaparecen en cuanto llueve, hay carnaval, feria o una noche de alta demanda, porque entonces todos dejan de ser colectivos y se vuelven taxis de carrera, dejando botada a la gente.
En ciudades como Tuxpan eso se ve con claridad. Existen rutas conocidas hacia colonias y sectores populares, pero en cuanto el negocio está en otro lado, la ruta se abandona. El usuario espera en la base creyendo que habrá servicio colectivo, pero la realidad es que el sistema funciona según la conveniencia del chofer, no de la ciudadanía. Y eso no es transporte público. Eso es desorden disfrazado de costumbre.
En mi opinión, el gobierno tendría que dejar de fingir que no pasa nada. Si los taxis están haciendo función de colectivos, entonces que se regule. Si van a seguir siendo taxis, entonces que se les prohíba de verdad hacer ruta. Lo que no puede seguir ocurriendo es esta tierra de nadie donde todo mundo sabe que es ilegal, pero nadie lo corrige porque así conviene.
La movilidad urbana no puede depender de la tolerancia, la improvisación y la costumbre. Necesita reglas, concesiones claras y autoridad. Porque mientras eso no ocurra, cada aumento al pasaje no será una solución: será apenas otro parche sobre un sistema roto.
Y si, Es muy probable que en Tuxpan el precio del taxi suba a $15 pesos.


