Lupe y sus secuaces deberían ir a la cárcel
No hay eufemismo que alcance cuando la realidad es tan cruda. En Tamiahua, el desastre no es una percepción: es un expediente. Y lo que hoy se sabe —y se documenta— no salió de rumores de café, sino de declaraciones públicas y de la revisión puntual de lo que dejó la administración de Linda Guadalupe Rodríguez Torres, alias Lupe, y su círculo más cercano.
La diputada local Citlali Medellín Careaga no habló en abstracto. Puso cifras, prácticas y nombres sobre la mesa. El predial es el botón de muestra: un padrón de miles de contribuyentes y un reporte oficial de cien pagos en dos mil veinticinco. Cien. ¿Error administrativo? No. El software desaparecido, el padrón no actualizado, los recibos que no cuadran y las propiedades “adjudicadas” sin explicación configuran algo más serio: daño patrimonial deliberado.
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Las obras públicas cuentan la misma historia. Proyectos pagados y finiquitados que no existen o quedaron a medias. Calles sin terminar, trabajos fantasma, contratos cerrados en papel y abiertos en la realidad. Todo ello mientras el coro de regidores aplaudía y el asesor “estrella” operaba. No fue improvisación: fue método.
El argumento de defensa ya lo conocemos: “persecución política”. Es la coartada favorita cuando las cuentas no dan. Pero aquí hay auditorías, comparativos con ORFIS, revisión con instancias federales y denuncias formales en curso. No es discurso; es ruta legal. Y cuando hay pruebas, la política se acaba y empieza el derecho.
En mi opinión, lo más ofensivo no es solo el saqueo; es el cinismo de quienes hoy pretenden volver a pedir el voto. ¿Con qué cara? ¿Con qué explicación a las familias que ahora deben llevar su último recibo para demostrar que su casa sigue siendo suya? ¿Con qué respuesta a un municipio que heredó basura, deudas y un sistema roto?
Que nadie se confunda: esto no va de simpatías partidistas. Va de responsabilidades. De devolver lo que se llevaron. De pagar lo que dañaron. De responder ante la ley. Tamiahua no necesita discursos edulcorados ni nostalgias fabricadas; necesita verdad, reparación y castigo para quien corresponda.
El resto —las obras que hoy sí llegan, la limpieza que apenas comienza— es la evidencia más clara de lo que se perdió por culpa de Lupe y sus secuaces. Y también la prueba de que el municipio puede levantarse… cuando dejan de meterle la mano a la caja.



