El problema no son los taxis; es el alcohol al volante
Tuxpan, Ver.- Cuando la gobernadora Rocío Nahle habla de reforzar la vigilancia vial y de revisar la posibilidad de reactivar operativos como el alcoholímetro, en Tuxpan la conversación debería ir más allá de los taxis.
Sería fácil señalar únicamente a los taxistas. De hecho, los accidentes donde participan unidades de alquiler son tan frecuentes que forman parte de la conversación cotidiana de la ciudad. Sin embargo, la realidad es mucho más amplia.
Durante años hemos documentado accidentes protagonizados por conductores particulares, motociclistas, funcionarios públicos, jóvenes recién salidos de fiestas e incluso elementos de corporaciones federales.
Dr. Rigoberto López Quevedo
Los tuxpeños recordarán aquella temporada en la que diversos accidentes de tránsito involucraron a personal de la Marina. Algunos sectores llegaron incluso a molestarse porque los medios reportaban los hechos. Hubo intentos de desacreditar a quienes publicaban la información, como si el problema fuera la noticia y no la conducta de quienes decidieron conducir después de beber.
El caso más recordado fue el de una conductora vinculada al ámbito naval que terminó impactándose contra las letras monumentales de Tuxpan, causando daños al principal símbolo fotográfico de la ciudad.
La discusión nunca debió ser quién publicó la información. La pregunta correcta era por qué seguían ocurriendo los accidentes.
Porque el alcohol no distingue uniforme, profesión, nivel económico ni cargo público.
Lo mismo puede provocar una tragedia un taxista, un comerciante, un estudiante, un empresario, un funcionario o un marino.
Por eso, si el Gobierno de Veracruz decide fortalecer la vigilancia vial, el criterio debe ser parejo para todos.
Sin excepciones.
Sin privilegios.
Sin llamadas telefónicas para evitar infracciones.
Sin influyentismo.
Porque al final del día, cuando ocurre un accidente grave, el uniforme queda en segundo plano. Lo que queda son personas lesionadas, familias afectadas y una ciudad que vuelve a preguntarse cuántas tragedias más hacen falta para entender que el volante y el alcohol nunca han sido una buena combinación.
Dra. Laura Nayetzy Cabrera Trejo – Otorrinolaringóloga


