El 18 de julio de 1930 nació en Tuxpan, Veracruz, Manuel Pérez Sánchez, mejor conocido en el mundo artístico como Manuel Hirám, una figura fundamental de la danza y la producción escénica mexicana.

Su trayectoria resulta difícil de resumir en una sola disciplina. Manuel Hirám fue bailarín, maestro, coreógrafo, director artístico, director de escena, ensayador, repositor e iluminador. Su vida profesional estuvo marcada por una curiosidad inagotable que también lo acercó a la música, la ingeniería y las artes plásticas.

Desde su infancia en Tuxpan mostró interés por el arte y los escenarios. Con el paso de los años, aquella inquietud lo condujo hacia la danza, actividad en la que desarrolló una carrera de más de seis décadas. No solamente estuvo frente al público: también trabajó detrás del telón, en esos espacios donde se construyen la atmósfera, el movimiento y la magia de cada representación.

Una de sus principales aportaciones fue su capacidad para comprender el espectáculo como una creación integral. Para Manuel Hirám, la danza no terminaba en el movimiento del cuerpo. La iluminación, la música, la escenografía y el ritmo de la puesta en escena formaban parte de un mismo lenguaje.

Esta visión lo convirtió en un creador versátil y en un maestro para nuevas generaciones de bailarines y artistas. Su experiencia técnica le permitió unir la sensibilidad artística con conocimientos sobre iluminación y funcionamiento escénico, una combinación poco común que enriqueció numerosas producciones.

En 2019, Danza UNAM reconoció públicamente su trayectoria y destacó sus más de 60 años de trabajo artístico. Su vida y su legado también quedaron plasmados en el libro Manuel Hiram y los cuerpos con luz, escrito por la investigadora Margarita Tortajada y publicado por la Universidad Veracruzana.

La obra reúne recuerdos, testimonios y experiencias narradas por el propio artista. Su título refleja uno de los elementos que mejor definen su carrera: la manera en que utilizó la luz para transformar los cuerpos, crear atmósferas y dar profundidad a la danza.

Manuel Hirám pertenece a esa generación de artistas que construyeron buena parte de la escena cultural mexicana desde distintos frentes. Su nombre quizá no siempre apareció con grandes letras en los carteles, porque una parte considerable de su trabajo ocurrió detrás del escenario. Sin embargo, su talento estuvo presente cada vez que una luz se encendió, una coreografía cobró vida o un bailarín encontró su lugar sobre las tablas.

Para Tuxpan, recordar su nacimiento significa reconocer que de este puerto también han surgido creadores capaces de dejar huella en la cultura nacional.

El 18 de julio no solamente se conmemora el nacimiento de un destacado artista tuxpeño. También se celebra la vida de un hombre que hizo de la danza, la técnica y la luz una sola expresión artística: Manuel Hirám, el tuxpeño que aprendió a iluminar los cuerpos y, con ellos, los escenarios de México.

El nombre artístico de Manuel Hirám posee una evidente resonancia masónica, especialmente en Tuxpan, donde desde 1922 funciona la logia Hijos de Hiram número 8. No obstante, hasta ahora no se ha localizado documentación que confirme que el artista haya pertenecido a la masonería.

EFEMÉRIDES DE LA SEMANA DEL 03/08 AL 09/08