
El nueve de mayo de mil novecientos catorce, mientras México ardía en plena Revolución, las aguas tranquilas de Tamiahua dejaron de ser refugio de pescadores y comerciantes para convertirse en escenario de una maniobra militar que marcaría el rumbo político del norte de Veracruz.
Ese día, el general Cándido Aguilar Vargas, destacado jefe constitucionalista y uno de los hombres de confianza de Venustiano Carranza, inició formalmente el sitio militar sobre la plaza de Tamiahua, entonces una posición estratégica por su acceso marítimo y su cercanía con Tuxpan.
Tamiahua no era un punto cualquiera en el mapa.
Su laguna, sus accesos naturales y su posición geográfica la convertían en un enclave clave para el movimiento de tropas, abastecimientos y control territorial en la región norte del estado. Mantener ese punto en manos federales significaba dejar abierta una puerta peligrosa para los revolucionarios.
En ese momento, las fuerzas leales al gobierno huertista defendían la plaza bajo el mando del teniente coronel Emilio Guillermín, quien se preparó para resistir el avance constitucionalista.
Cándido Aguilar no era un improvisado.
Originario de Córdoba y posteriormente yerno de Venustiano Carranza, se había convertido en una pieza importante del movimiento revolucionario en Veracruz. Su campaña en la entidad buscaba debilitar las posiciones federales y consolidar el control constitucionalista sobre la costa.
El sitio iniciado aquel nueve de mayo no fue un simple despliegue de tropas.
Fue una operación calculada para aislar Tamiahua, cortar suministros y forzar la rendición de la plaza. Durante varios días la tensión se mantuvo en la región hasta que finalmente, el dieciocho de mayo de mil novecientos catorce, las fuerzas constitucionalistas lograron tomar el control.
Este episodio fue parte de la cadena de acontecimientos que modificarían el destino político de Tuxpan y de toda la región de Veracruz Norte.
Meses después, en medio de la crisis nacional derivada de la Revolución y la ocupación estadounidense de Veracruz, Tuxpan llegaría a convertirse en sede provisional de los poderes del estado, confirmando la importancia estratégica que esta zona tenía en el tablero nacional.
Hoy, más de un siglo después, aquel episodio recuerda que las tranquilas aguas del norte veracruzano también fueron testigo del estruendo de la historia.







