
El 9 de diciembre de 1924, en plena efervescencia del movimiento obrero petrolero en la Huasteca veracruzana, el sindicato de trabajadores de la Sinclair Oil Company formalizó su respaldo a la huelga de los obreros de la Compañía Mexicana de Petróleo “El Águila”, uno de los conflictos laborales más relevantes del México posrevolucionario.
El apoyo fue comunicado mediante el oficio número ochenta y cinco, en el que los trabajadores de Sinclair expresaron su solidaridad con la lucha emprendida por sus compañeros de “El Águila”, empresa que dominaba gran parte de la explotación petrolera en la región de Veracruz Norte. Este gesto no fue menor: marcó un precedente de unidad sindical entre compañías rivales, en un momento donde el poder empresarial y el control extranjero sobre el petróleo eran abrumadores.
Un contexto de explotación y resistencia
Durante la década de mil novecientos veinte, la región de Tuxpan, Potrero del Llano, Cerro Azul y Naranjos era uno de los ejes energéticos más importantes del país. Empresas extranjeras como El Águila (de capital británico) y Sinclair Oil (de capital estadounidense) controlaban la producción, mientras los trabajadores enfrentaban jornadas extenuantes, salarios bajos, condiciones de alto riesgo y nulas garantías laborales.
La huelga de “El Águila” surgió como respuesta directa a este escenario de desigualdad. Los obreros exigían mejores condiciones de trabajo, respeto a su organización sindical y derechos básicos, en una época en la que los patrones aún intentaban sostener esquemas casi coloniales en los campos petroleros.
La solidaridad que fortaleció al movimiento
El respaldo del sindicato de Sinclair Oil, emitido ese 9 de diciembre de 1924, tuvo un valor estratégico fundamental:
significó que los trabajadores comenzaban a verse como una sola clase, más allá de la empresa que los empleara. Esta unidad debilitó la capacidad de las compañías para aislar conflictos, romper huelgas o enfrentar a los obreros entre sí.
Además, este hecho reforzó la consolidación de un movimiento obrero petrolero regional, que años más tarde sería pieza clave en la transformación jurídica del sector energético y en el camino que desembocaría, tiempo después, en la Expropiación Petrolera de 1938.
Tuxpan, escenario de una lucha histórica
Aunque el documento del respaldo sindical se emitió dentro del entramado regional petrolero, su impacto alcanzó directamente a Tuxpan, que funcionaba como puerto estratégico, centro logístico y punto de enlace comercial del petróleo. Desde aquí se movilizaban insumos, crudo y trabajadores, y también desde aquí se propagaban las ideas de organización y resistencia.
Este episodio recuerda que la historia de Tuxpan no solo se escribe en sus calles y edificios, sino también en las luchas silenciosas de miles de obreros que, desde los campamentos petroleros, fueron forjando las bases de los derechos laborales que hoy se consideran fundamentales.


















