
El 8 de diciembre de 1920 quedó inscrito como una fecha clave —aunque poco recordada— en la historia energética de Tuxpan, Veracruz. Ese día se publicó en el Diario Oficial de la Federación la concesión otorgada al general Salvador Alvarado para la construcción de un oleoducto entre la región petrolera de Tuxpan y la Ciudad de México, así como para el establecimiento de una refinería en las inmediaciones de la capital del país.
El proyecto colocaba a Tuxpan como pieza estratégica del naciente sistema petrolero nacional, en un momento histórico en que México buscaba consolidar su soberanía energética tras la Revolución. La magnitud de la concesión anticipaba una transformación profunda para el puerto: infraestructura industrial, mayor actividad económica, empleo y una integración directa al corazón político del país.
Un plan ambicioso truncado por la política
Sin embargo, la trayectoria política del propio Salvador Alvarado marcó el destino del proyecto. Militar revolucionario, exgobernador de Yucatán y figura influyente del constitucionalismo, Alvarado se convirtió en un personaje incómodo dentro del nuevo reacomodo del poder nacional tras el ascenso de Álvaro Obregón a la Presidencia de la República (1920–1924).
La relación entre ambos fue abiertamente conflictiva. Perseguido políticamente, Salvador Alvarado salió del país, dejando el proyecto del oleoducto en una etapa temprana, sin posibilidad real de consolidarse.
Años después, Alvarado regresó a México para sumarse a la revuelta delahuertista, un movimiento armado que buscaba oponerse a la continuidad del grupo en el poder. La rebelión fracasó y, en 1924, Salvador Alvarado fue asesinado. Con su muerte, también murió definitivamente el ambicioso proyecto petrolero que tenía como punto de partida a Tuxpan.
Tuxpan y su papel en el mapa petrolero nacional
A pesar de que este oleoducto nunca se construyó, el solo hecho de que Tuxpan hubiera sido considerado como punto inicial de una infraestructura de esta magnitud confirma la importancia estratégica que el puerto ya tenía desde principios del siglo XX dentro del sector energético nacional.
Décadas más tarde, Tuxpan volvería a ser protagonista en distintos momentos del desarrollo petrolero, desde el transporte marítimo de combustibles hasta la instalación de terminales energéticas modernas, confirmando que su vocación como puerto petrolero no fue una casualidad, sino una constante histórica.
Una efeméride que merece ser recordada
El 8 de diciembre de 1920 no es solo una fecha administrativa en un documento oficial: representa una oportunidad histórica que Tuxpan estuvo a punto de concretar. Un proyecto que, de haberse realizado, habría modificado de forma profunda el rumbo industrial, económico y urbano del municipio desde hace más de un siglo.
Hoy, a más de cien años de distancia, este episodio permite reflexionar sobre cómo las decisiones políticas, los conflictos de poder y los destinos personales pueden impactar directamente en el desarrollo de una región entera.


















