El 7 septiembre de 1940, Tuxpan vivió uno de esos momentos en los que la vida social, la cultura y la solidaridad se encontraron en un mismo escenario. Bajo el nombre de “Reflejos de la Costa”, se celebró un festival regional de gran magnitud, concebido no solo como espectáculo, sino como una auténtica fiesta popular con fines de asistencia pública y embellecimiento urbano.

El evento fue organizado por la H. Junta Municipal de Asistencia Pública y el Comité Pro-Parque Reforma, instituciones que, en plena primera mitad del siglo XX, impulsaban actividades culturales como mecanismo de cohesión social y apoyo comunitario.

Un parque como corazón cívico

Para mayor comodidad de las familias tuxpeñas, el festival se realizó en el Parque Reforma, y no en la calle de Ocampo, como inicialmente se había anunciado. Esta decisión confirma la consolidación del parque como espacio central de convivencia, recreación y vida pública en la ciudad.

Dos noches de música, danza y tradición

El programa oficial contempló dos jornadas, los días 7 y 8 de septiembre, con una oferta cultural excepcional para la época. En los salones de la entonces H. Junta de Caminos y Pavimentación, se llevaron a cabo grandes bailes populares, amenizados por la Orquesta Rosales y la Orquesta de Chico Panza, nombres muy reconocidos en el ámbito musical regional.

El repertorio fue amplio y diverso:

  • Danzón
  • Huapango
  • Jarabe tapatío
  • Jarana yucateca
  • Valses, jotas y swing

Las presentaciones estuvieron a cargo de alumnas de escuelas locales, profesoras, jóvenes de secundaria y preparatoria, así como miembros de conocidas familias tuxpeñas, reflejando el fuerte tejido social y educativo de la ciudad en aquellos años.

Mucho más que un baile

Además de la música y el baile, el festival incluyó iluminación profusa, serpentinas, confeti, flores y puestos festivos atendidos por damas ataviadas con vistosos trajes regionales, reforzando el carácter identitario y folclórico del evento.

El acceso fue deliberadamente popular:

  • Cinco centavos para damas, señoritas y niños
  • Diez centavos para caballeros

Un detalle que confirma que Reflejos de la Costa fue pensado como una fiesta para todo el pueblo, con un claro objetivo benéfico y social.

Un reflejo de su tiempo

Celebrado en el contexto nacional de 1940, año de transición política y de fortalecimiento institucional en México, este festival muestra cómo, en Tuxpan, la cultura y la convivencia eran herramientas clave para construir comunidad, apoyar causas sociales y embellecer la ciudad.

Hoy, más de ocho décadas después, “Reflejos de la Costa” permanece como testimonio de una época en la que el baile, la música y la solidaridad iluminaban las noches tuxpeñas, dejando una huella imborrable en la memoria histórica local.


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