El 6 de agosto de 1990, Tuxpan comenzó a prepararse para la llegada de uno de los ciclones más destructivos que golpearon Veracruz Norte durante el siglo XX: el huracán Diana.

Aquel día, Diana todavía no había tocado tierra en la región. El fenómeno acababa de cruzar la península de Yucatán y avanzaba sobre las cálidas aguas de la bahía de Campeche, donde comenzó a fortalecerse rápidamente mientras mantenía una trayectoria hacia las costas veracruzanas.

Ante ese escenario, el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos emitió a las 21:00 horas UTC del 6 de agosto —aproximadamente las tres de la tarde en Tuxpan— una vigilancia de huracán para el litoral comprendido entre Tuxpan y Boca de Jesús María, Tamaulipas.

La advertencia indicaba que existía la posibilidad de que se presentaran condiciones de huracán durante las siguientes 48 horas.

Tuxpan se preparaba para lo peor

Los pronósticos colocaban al municipio y a buena parte del norte de Veracruz dentro de la zona de posible impacto. En Tuxpan comenzaron a tomarse medidas preventivas ante el riesgo que representaban los fuertes vientos, el oleaje elevado y las lluvias torrenciales.

Los reportes periodísticos de aquella época señalan que alrededor de 300 personas abandonaron viviendas ubicadas en zonas bajas. La cifra fue proporcionada por Miguel Ángel Rebolledo, entonces capitán del puerto de Tuxpan.

Las autoridades estatales y federales prepararon aproximadamente 10 mil paquetes con alimentos, medicinas y suministros de emergencia para distribuirlos en diferentes puntos de la costa.

La Policía, el Ejército y otros cuerpos de auxilio fueron puestos en alerta. También se pidió a las embarcaciones permanecer resguardadas, mientras las autoridades portuarias seguían la evolución del ciclón.

Para los habitantes de Tuxpan, la amenaza no era un asunto menor. La ciudad y numerosas comunidades se encontraban asentadas cerca del río, esteros, lagunas y zonas costeras susceptibles de inundarse.

Diana se convierte en huracán

Durante las primeras horas del 7 de agosto, Diana alcanzó oficialmente la categoría de huracán.

Las aguas cálidas del Golfo de México favorecieron una rápida intensificación. Antes de tocar tierra, el sistema llegó a categoría 2 en la escala Saffir-Simpson, con vientos máximos cercanos a los 160 kilómetros por hora.

Los avisos meteorológicos se ampliaron y la vigilancia fue sustituida por una advertencia de huracán para una extensa franja del litoral mexicano.

Al avanzar hacia la costa, Diana produjo lluvias intensas, oleaje elevado y fuertes rachas de viento. Los reportes contemporáneos ubicaron su entrada a tierra durante la tarde del 7 de agosto, entre Tuxpan y Tamiahua.

Aunque existen diferencias de algunas horas entre los registros meteorológicos posteriores, las fuentes coinciden en que el centro del fenómeno cruzó la costa en las inmediaciones del norte de Veracruz.

La lluvia causó la mayor tragedia

La fuerza del viento provocó daños en viviendas, árboles, postes y líneas telefónicas. Sin embargo, la mayor destrucción causada por Diana no ocurrió solamente en la costa, sino en las regiones montañosas de Veracruz, Hidalgo, Puebla y San Luis Potosí.

Las lluvias torrenciales hicieron crecer ríos y arroyos, provocaron inundaciones repentinas y desencadenaron deslaves en numerosas comunidades.

En Veracruz, Hidalgo y Puebla, más de 75 mil personas resultaron afectadas. Las inundaciones destruyeron viviendas, caminos, puentes, vías ferroviarias y amplias superficies de cultivo.

En Pánuco, más de dos mil familias tuvieron que abandonar sus hogares. También se reportaron graves daños en Huayacocotla, Poza Rica y otras poblaciones del norte veracruzano.

Los balances posteriores atribuyeron a Diana por lo menos 139 muertes en México, aunque algunas fuentes manejaron cifras diferentes debido a la cantidad de comunidades incomunicadas y personas inicialmente reportadas como desaparecidas.

Un nombre retirado por su poder destructivo

Los daños ocasionados fueron tan graves que la Organización Meteorológica Mundial retiró el nombre Diana de las listas utilizadas para bautizar ciclones tropicales en el océano Atlántico.

Esto significa que ningún otro huracán de esa cuenca volvería a recibir ese nombre.

La decisión se reserva para fenómenos que provocan grandes pérdidas humanas o materiales, con el propósito de evitar confusiones y respetar la memoria de las víctimas.

Una fecha que marcó el inicio de la emergencia

El 6 de agosto de 1990 debe recordarse como el día en que Tuxpan entró oficialmente en alerta.

Diana todavía se encontraba sobre el Golfo de México, pero los pronósticos ya anunciaban que el municipio estaba frente a una amenaza seria. Las evacuaciones preventivas, la movilización de los cuerpos de seguridad y la preparación de suministros marcaron el comienzo de una emergencia que durante los días siguientes afectaría profundamente al norte de Veracruz.

Más de tres décadas después, el huracán Diana continúa siendo una referencia obligada cuando se habla de los riesgos que representan los ciclones tropicales para Tuxpan y toda la región Huasteca.

La trayectoria y los efectos del fenómeno están documentados por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos. Los reportes periodísticos de la época también registraron el impacto entre Tuxpan y Tamiahua y las afectaciones posteriores en la región. United Press International.

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