El día en que Ramón Rodríguez Rangel obtuvo la única entrevista concedida por el líder cubano

El 4 de diciembre de 1989, Tuxpan vivió una de las jornadas más memorables de su historia moderna. Ese día, el comandante Fidel Castro Ruz regresó al puerto veracruzano donde, treinta y tres años antes, había iniciado junto a ochenta y un expedicionarios la travesía del yate Granma, que detonaría la Revolución Cubana. Su visita no solo reavivó la memoria de aquel episodio, sino que fortaleció un vínculo simbólico entre México y Cuba cuyo eco aún perdura.

El regreso al punto de partida

Desde temprana hora, cientos de personas se congregaron en Santiago de la Peña, la comunidad ribereña desde donde había zarpado el Granma en 1956. La expectativa era enorme: la figura de Fidel Castro generaba fascinación, controversia y, sin duda, una curiosidad histórica que atraía a locales y visitantes por igual.

Durante el acto oficial, Castro realizó un gesto que sorprendió a diplomáticos, funcionarios y asistentes: cedió a la comunidad tuxpeña la casa desde donde él y sus compañeros habían partido hacia Cuba. Al hacerlo, reconoció formalmente el papel de Tuxpan como escenario clave en el nacimiento de la revolución que transformó la isla.

El inmueble fue inaugurado ese mismo día como Museo de la Amistad México–Cuba, también conocido como la Casa del Granma, un espacio dedicado a preservar objetos, fotografías y relatos vinculados a la expedición. Con esta entrega simbólica, Castro buscó, dijo entonces, “honrar al pueblo mexicano que nos vio partir y nunca preguntó por qué lo hacíamos”.

Un momento capturado para la historia

La imagen que acompaña este artículo —tomada en el interior del inmueble durante la visita— se ha convertido en un documento invaluable. En ella aparece Fidel Castro con su característico uniforme verde oliva, rodeado de asistentes y figuras locales. A un costado, un periodista sostiene una grabadora, buscando captar cada palabra del líder cubano mientras la multitud observa con expectación.

La fotografía condensa la atmósfera de aquel día: la efervescencia, la tensión de los cuerpos de seguridad, el respaldo popular y el interés mediático que generó la presencia de Fidel. Pero también revela algo más profundo: el papel que el periodismo local desempeñó en ese acontecimiento.

Ramón Rodríguez Rangel, el periodista que hizo historia

En medio de reporteros nacionales e internacionales que intentaron sin éxito acercarse al comandante, solo un periodista tuxpeño logró obtener una entrevista directa con Fidel Castro: Ramón Rodríguez Rangel.

Su hazaña no fue casualidad. Para 1989, Rodríguez Rangel ya había construido una trayectoria destacada en el periodismo veracruzano, caracterizada por su estilo incisivo, su ética profesional y su capacidad para estar —literalmente— en el lugar donde la historia ocurre.

Ese día, cuando la mayoría de los medios se encontraba retenida a distancia por los anillos de seguridad, Rodríguez Rangel aprovechó su conocimiento del entorno y su intuición profesional para acercarse al comandante. Con serenidad y oficio, extendió su grabadora y logró que Fidel respondiera a sus preguntas en medio del tumulto. La entrevista, breve pero sustancial, quedó registrada no solo como un logro personal, sino como un testimonio del valor del periodismo regional.

Los colegas que vivieron la escena recuerdan la sorpresa general cuando se supo que solo un reportero tuxpeño había conseguido las declaraciones que todos buscaban. Desde entonces, aquel episodio forma parte del anecdotario profesional que distingue la carrera de Rodríguez Rangel y reafirma su legado en la historia periodística de Tuxpan.

Un legado que permanece

Más de tres décadas después, la Casa del Granma continúa abierta al público como un espacio de memoria histórica. Visitantes locales, estudiantes, investigadores y turistas llegan a Santiago de la Peña para recorrer las habitaciones donde se planificó la expedición y para comprender por qué Tuxpan ocupa un lugar tan singular en la historia de Cuba.

El 4 de diciembre de 1989 se recuerda no solo por la visita del comandante, sino por todo lo que ese día simbolizó:

  • la reafirmación del vínculo entre dos naciones;
  • la recuperación y preservación de un sitio histórico;
  • y el papel del periodismo tuxpeño en documentar un momento irrepetible.

Al mirar la fotografía tomada aquella tarde, uno reconoce más que tres figuras posando ante la cámara. Reconoce un instante en que la historia, la política y el oficio periodístico se encontraron en un mismo lugar: Tuxpan, Veracruz, puerto de partida y puerto de regreso.


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