
Cuando Francia bloqueó los puertos mexicanos en 1838 para exigir indemnizaciones a sus nacionales —episodio que la historia bautizó como Guerra de los Pasteles—, el puerto de Tuxpan no fue un espectador lejano. Su posición estratégica en el Golfo lo convirtió en pieza clave del tablero político-militar del norte veracruzano.
En ese contexto, el 31 de diciembre de 1838 se registró en Tuxpan un movimiento de alto simbolismo institucional: el comandante militar del puerto, teniente coronel José Mariano Hernández, reconoció formalmente el sistema federal, un gesto que reflejó el reacomodo de lealtades y la necesidad de cerrar filas ante la presión extranjera.
Aunque el casus belli fue un reclamo comercial, la disputa tuvo efectos inmediatos en los puertos: Veracruz, Tampico, Tuxpan y otras plazas marítimas debieron reorganizar su defensa, priorizar rutas alternas de abastecimiento y sostener el comercio bajo el asedio del bloqueo naval.
El reconocimiento del federalismo en Tuxpan ese día debe leerse como un acto de pragmatismo militar: en medio de la crisis, la cohesión política interna era tan importante como los cañones que apuntaban al mar. La decisión marcó también la anulación práctica de disposiciones locales que en otro momento buscaban ensanchar la apertura al comercio exterior, pero que resultaban inviables bajo el bloqueo y la urgencia defensiva.
Un puerto con valor estratégico
Tuxpan ya era entonces un enclave codiciado por su calado, su cercanía con rutas petroleras (aún no explotadas industrialmente, pero ya intuidas geológicamente) y su papel como puente natural entre las Huastecas y el centro del país. Por ello, los mandos militares reforzaron la vigilancia costera y fluvial, y se mantuvo la coordinación con plazas vecinas como Tampico y Veracruz para proteger el corredor marítimo del norte.
La Guerra que cambió al Golfo
La Guerra de los Pasteles duró apenas unos meses (octubre 1838–marzo 1839), pero dejó una enseñanza duradera para la región: los conflictos comerciales pueden mutar en crisis militares, y los puertos del Golfo —entre ellos Tuxpan— entendieron que su valor económico era inseparable de su relevancia en la seguridad nacional.
Memoria histórica tuxpeña
Hoy, casi dos siglos después, esta fecha queda inscrita en la memoria local como recordatorio de un momento en que Tuxpan debió reordenar su defensa y sus lealtades institucionales para sostener la soberanía bajo presión extranjera, sin abandonar su vocación portuaria, incluso en los días más tensos del bloqueo naval.










