El tres de enero de mil novecientos cincuenta y cinco, en el Golfo de México se formó el huracán Alice, un ciclón madrugador, fugaz, pero simbólico. Nació en pleno invierno, desafió los calendarios y desapareció al día siguiente, el cuatro de enero, sin tocar tierra con fuerza, pero dejando un mensaje claro: ese año la naturaleza venía encarrerada.

Alice fue el banderazo de salida de una temporada de huracanes excepcionalmente intensa, una de las más activas del siglo en el Atlántico. Lo que siguió fue un rosario de tormentas memorables: Gladys, Hilda y, sobre todo, Janet, que en septiembre de 1955 desataron grandes inundaciones en Veracruz Norte y la región de la Huasteca, incluyendo Tuxpan, que siempre ha tenido con el río una relación de respeto… y de riesgo.

Mientras Alice fue un suspiro, los ciclones que vinieron meses después fueron grito. Las lluvias asociadas a esos fenómenos provocaron:

  • Crecidas históricas del Río Tuxpan, que desbordó zonas bajas de la ciudad.
  • Anegamientos prolongados en colonias ribereñas y comunidades aledañas.
  • Interrupción de caminos rurales y pérdida de cultivos en el cinturón agrícola del municipio.
  • Daños a viviendas construidas en zonas de alto riesgo, en una época donde no existían atlas de peligro ni alertas tempranas como hoy.

1955: el año donde el río enseñó los dientes

En Tuxpan no se recuerda a Alice por destructivo, sino por inaugurar un año bravísimo. Las inundaciones de septiembre de 1955 quedaron grabadas en fotografías en blanco y negro: el malecón convertido en espejo interminable, lanchas donde debían circular autos, comercios con el agua al mostrador, y familias sacando muebles, santos y esperanzas a tierra firme.

Los nombres de aquel año son todavía parte de la memoria popular:

  • Gladys, que abrió el grifo de las lluvias.
  • Hilda, que insistió con tormentas persistentes.
  • Janet, el más poderoso, el que provocó el desastre mayor en la región.

No fueron solo huracanes. Fueron lecciones líquidas: la certeza de que el desarrollo urbano debía planearse, la evidencia de que el abasto del agua también exige orden, y la advertencia de que los ríos del norte de Veracruz no perdonan la improvisación.

Un recordatorio para el periodismo regional

Hoy, cuando hablamos de tormentas, infraestructura, drenaje, remanentes o Consejos de Cuenca del Río Tuxpan, no hablamos solo de burocracia ni meteorología. Hablamos de una historia que comenzó, literalmente, a contracorriente, un tres de enero de 1955, con un huracán llamado Alice que duró un día… pero abrió la puerta a un año que Tuxpan jamás olvidaría.

Porque aquí, en Veracruz Norte, si el agua habla, hay que escucharla.

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