
Un 29 de noviembre de 1913, cuando México atravesaba la turbulencia política de la Revolución, nació en este puerto del Golfo María Esperanza Morales Mérida, mujer destinada a dejar una huella profunda en las aulas y en la memoria educativa de la región petrolera del norte de Veracruz, un corredor humano y económico que entonces comenzaba a girar alrededor del oro negro.
Aunque Tuxpan ya era punto logístico clave para el comercio del Golfo, a partir de la década de 1920 la región entera —Poza Rica, Álamo, Naranjos, Tamiahua, Cerro Azul— se transformaría en una potencia energética. En ese cambio de época, la educación necesitaba perfiles capaces de alfabetizar una nueva sociedad obrera, técnica y migrante. María Esperanza fue una de ellas.
La profesora que enseñó a la generación del boom petrolero
Formada como docente normalista, Morales Mérida ejerció el magisterio en comunidades y ciudades marcadas por el auge de la industria petrolera. Su labor se distinguió por tres ejes que hoy se reconocen como esenciales:
- Alfabetización de familias obreras y campesinas que migraron a la zona en busca de empleo petrolero.
- Impulso a la educación técnica y científica básica, entendiendo que el nuevo desarrollo exigía más que lectura: requería matemáticas, física y disciplina metodológica.
- Vinculación comunitaria, donde la escuela no era un edificio, sino un nodo social para organizar la vida en colonias nacientes alrededor de pozos y refinerías.
En un tiempo donde los pilotos del progreso eran ingenieros, perforadores y soldadores, María Esperanza fue la piloto civil del conocimiento, guiando desde tierra a quienes moverían el país desde el subsuelo.
La huella que sigue latiendo en Veracruz Norte
Su nombre no figura en grandes monumentos nacionales, pero sí en la memoria viva de la región petrolera, donde generaciones recuerdan a aquella maestra que enseñaba con firmeza y corazón, entendiendo que el desarrollo energético no sería sostenible sin desarrollo humano.
Morales Mérida representa también un símbolo de Tuxpan: la historia de Veracruz Norte no solo se escribió con tuberías, plataformas y torpedos en el mar durante la guerra, sino también con cuadernos, pizarrones y maestras valientes como ella.
En un México donde la participación indígena y popular había cruzado océanos en la era novohispana, y donde Tuxpan aportó nombres al combate moderno en el Pacífico con el Escuadrón 201, María Esperanza encarna el otro frente: el frente social, silencioso, constante, que no dispara balas, sino ideas.
Hoy, al recordarla, Tuxpan recuerda que el progreso no solo es estruendo, sino también enseñanza.










