
El 29 de diciembre de 1944, el Senado de la República autorizó al presidente Manuel Ávila Camacho el envío de tropas mexicanas a combatir fuera del territorio nacional, formalizando la creación de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana (FAEM), cuya unidad de vuelo sería el Escuadrón Aéreo de Pelea 201, recordado como las Águilas Aztecas, pieza clave en las operaciones aliadas para la liberación de Filipinas en la Segunda Guerra Mundial.
Aunque la participación mexicana en el teatro del Pacífico fue breve, su significado histórico fue enorme: por primera vez en la era moderna, México entraba en combate en el extranjero, alineado con las democracias aliadas frente al expansionismo militar de Japón y sus socios del Eje.
🌏 Filipinas: el antiguo lazo novohispano
La decisión de combatir en Filipinas no fue casual. Durante más de dos siglos y medio, las islas fueron administradas desde el Virreinato de la Nueva España, con México como centro logístico y gubernamental del Pacífico. Desde Acapulco partió el Galeón de Manila, la ruta marítima que unió Asia, América y Europa entre 1565 y 1815, llevando plata mexicana y regresando con seda, especias y cultura. Esa memoria colonial compartida convirtió a Filipinas en un territorio simbólicamente cercano para México, incluso décadas después de la independencia de ambos países.
🛠️ Del Golfo al cielo del mundo: el contexto tuxpeño
Tuxpan, puerto estratégico del Golfo de México, también estuvo ligado al clima bélico de la guerra por otras vías: varios buques petroleros mexicanos fueron torpedeados por submarinos alemanes en 1942, entre ellos el petrolero Túxpam (con grafía histórica del nombre del puerto), hundido en el Golfo, parte de la serie de agresiones contra la marina mercante mexicana que empujaron al país a abandonar su neutralidad y declarar la guerra al Eje ese mismo año.
Pero si el mar puso el agravio, Tuxpan puso el honor:
📌 Fausto Vega Santander, nacido en Tuxpan, Veracruz, fue Subteniente Piloto Aviador del Escuadrón 201, el único piloto de combate de esa fuerza expedicionaria cuyo origen tuxpeño está documentado públicamente. Su participación, y su muerte en campaña en 1945 durante las misiones sobre Luzón, Filipinas, lo inscribieron en la memoria histórica de la región como símbolo de valentía, servicio y sacrificio.
El hecho de que un hijo de este puerto fuera parte de la ofensiva aérea que ayudó a liberar Filipinas refuerza el sentido profundo de esta efeméride para Tuxpan: no solo se trata del día en que el Senado autorizó el envío, sino del recordatorio de que aquel decreto tuvo rostro y acento tuxpeño en la cabina de un caza mexicano.
🎖️ La memoria que vuela
El Escuadrón 201 voló decenas de misiones de apoyo aéreo cercano, escolta y bombardeo táctico, integrado a la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, contribuyendo al debilitamiento de posiciones japonesas en el Pacífico. Aunque su participación no cambió el curso general de la guerra, sí marcó el prestigio internacional de México como nación combatiente, y en Tuxpan, la historia se recuerda como el día en que un pueblo costeño también participó en la liberación del mundo a través de uno de sus mejores pilotos.










