
En los años en que México apenas aprendía a mirar el cielo como una ruta posible, Tuxpan ya figuraba en los mapas del futuro. El 28 de febrero de 1928, el nombre del puerto veracruzano quedó inscrito en los primeros contratos formales para el transporte de correspondencia aérea, dentro de una ruta estratégica que enlazaba Ciudad de México – Tuxpan – Tampico – Veracruz.
Aquel acuerdo formó parte de la expansión de la naciente aviación comercial mexicana, encabezada por la histórica Compañía Mexicana de Aviación, pionera en abrir rutas regulares y consolidar el correo aéreo como servicio confiable. No era un simple itinerario: era una declaración de modernidad.
Tuxpan, puerto natural… también del aire
En la década de mil novecientos veinte, Tuxpan ya era un punto neurálgico del Golfo de México. Su puerto natural, su conexión con la Huasteca y su cercanía con el altiplano lo convertían en una escala lógica para una red aérea que pretendía acortar distancias en un país de geografía compleja.
Hasta entonces, la correspondencia viajaba por tren, barco o carretera. El avión reducía días a horas. Incluir a Tuxpan en aquella ruta significaba integrarlo a una red de comunicación de vanguardia que aceleraba el comercio, la información oficial y la vida económica regional.
El México que aprendía a volar
La aviación mexicana vivía su etapa fundacional. Las aeronaves eran pequeñas, de cabina limitada y autonomía reducida. Volar implicaba superar condiciones meteorológicas impredecibles y pistas rudimentarias. Aun así, el país apostaba por el aire.
Que Tuxpan apareciera en ese trazado no fue casualidad: su posición estratégica lo colocaba como enlace natural entre el centro del país y los puertos petroleros del norte del Golfo.
Más que un dato, una señal de época
El 28 de febrero de 1928 no fue una fecha de inauguración festiva ni de multitudes en la pista. Fue algo más silencioso pero trascendente: la formalización de un contrato que reconocía a Tuxpan como punto clave en el naciente sistema de correo aéreo mexicano.
Con ello, el puerto dejó de ser solamente una puerta marítima para convertirse también en escala del cielo.
Hoy en la memoria tuxpeña
Noventa y ocho años después, aquella decisión recuerda que Tuxpan no ha sido espectador de la historia, sino protagonista discreto de sus transformaciones. En tiempos en que el país comenzaba a despegar literalmente, el nombre de Tuxpan ya volaba impreso en los sobres que cruzaban el Golfo.
Porque antes de las autopistas y los puentes modernos, hubo alas. Y el 28 de febrero de 1928, Tuxpan ya estaba en la ruta.















