El Gobierno federal comenzó a adquirir los terrenos necesarios para una vía que comunicaría al puerto de Tuxpan con la red ferroviaria nacional. El ambicioso proyecto nunca llegó a consolidarse y quedó como uno de los grandes sueños inconclusos de la ciudad.

El 27 de julio de 1955, el Diario Oficial de la Federación publicó una serie de decretos de expropiación destinados a integrar el derecho de vía del Ferrocarril Tuxpan–Guadalupe–Magozal.

Los documentos formaban parte de un ambicioso proyecto federal que pretendía terminar con uno de los principales obstáculos para el desarrollo económico de Tuxpan: la ausencia de una conexión ferroviaria entre su puerto y el resto del país.

El propósito era construir una vía que partiera de Tuxpan y llegara hasta Magozal, punto donde podría conectarse con el sistema ferroviario que comunicaba a Tampico, San Luis Potosí y el centro de México.

Sobre el papel, el proyecto prometía transformar el futuro del puerto.

Comenzaron a adquirir los terrenos

Para construir una línea ferroviaria no bastaba con colocar durmientes y rieles. Primero era necesario asegurar una franja continua de terreno por donde pudieran pasar las vías, estaciones, cruces y demás instalaciones.

El Gobierno federal recurrió a la expropiación por causa de utilidad pública para adquirir las propiedades ubicadas sobre el trazo previsto.

Entre los decretos publicados el 27 de julio de 1955 se encontraba la expropiación de una superficie de 1,136.20 metros cuadrados, perteneciente a Francisco Esquivel.

También se incluyó una franja de terreno de 724 metros cuadrados, propiedad de Antonio Chao. El documento señala que medía 18.10 metros de longitud y formaría parte del derecho de vía ferroviario.

Aunque individualmente se trataba de terrenos pequeños, cada superficie resultaba necesaria para unir el recorrido. Una sola propiedad sin adquirir podía interrumpir la continuidad de toda la línea.

La edición correspondiente puede consultarse en el Diario Oficial de la Federación del 27 de julio de 1955.

Un proyecto estratégico para Tuxpan

A mediados del siglo XX, el ferrocarril seguía siendo uno de los medios más importantes para transportar grandes cantidades de mercancías.

Tuxpan contaba con una posición privilegiada. Era el puerto del Golfo de México más cercano a la capital del país y mantenía una intensa actividad petrolera, agrícola y comercial. Sin embargo, carecía de una vía férrea que permitiera llevar directamente los productos desde los centros de producción hasta los muelles.

Esa carencia colocaba al puerto en desventaja frente a Veracruz, Tampico y Coatzacoalcos, donde el ferrocarril facilitaba el movimiento de combustibles, granos, maquinaria y otras mercancías.

El Ferrocarril Tuxpan–Guadalupe–Magozal buscaba corregir esa situación.

Magozal representaba el punto de enlace con la red ferroviaria existente. Desde ahí, los cargamentos podrían continuar hacia Tampico y San Luis Potosí, además de conectarse con rutas que llegaban al Valle de México.

Para Tuxpan significaba la posibilidad de convertirse en una puerta comercial todavía más importante para el centro del país.

Años de decretos y expropiaciones

La publicación del 27 de julio de 1955 no fue un hecho aislado.

Desde 1954, el Gobierno federal había comenzado a emitir decretos para expropiar terrenos situados sobre el trayecto proyectado. El procedimiento continuó durante los años siguientes y alcanzó propiedades particulares y superficies ejidales.

En enero de 1958, por ejemplo, se publicó la expropiación de un predio de 72.64 metros cuadrados ubicado en jurisdicción de Tuxpan. En 1961 apareció otro decreto relacionado con la adquisición de terrenos para la misma obra.

Las disposiciones oficiales demuestran que el proyecto avanzó jurídicamente durante varios años. Se levantaron planos, se identificaron propietarios y se adquirieron fragmentos del territorio destinado al paso del ferrocarril.

Pero los decretos no fueron suficientes.

El tren nunca llegó al puerto

A pesar de la planeación, las expropiaciones y los recursos invertidos, el Ferrocarril Tuxpan–Guadalupe–Magozal nunca se consolidó como una línea funcional que conectara directamente al puerto con la red nacional.

El proyecto fue perdiendo impulso hasta quedar inconcluso.

Décadas después, documentos oficiales de planeación continuaban señalando la misma debilidad: Tuxpan seguía siendo un puerto sin acceso ferroviario y la conexión más cercana se encontraba en Magozal, aproximadamente a 140 kilómetros de distancia.

La ausencia del tren obligó a que la mayor parte de las mercancías fueran movilizadas por carretera. Esa dependencia elevó los costos logísticos y limitó durante años la competitividad del puerto frente a otras terminales del Golfo de México.

El crecimiento de Tuxpan continuó apoyado en las carreteras, los oleoductos, las instalaciones petroleras y la navegación marítima, pero el antiguo proyecto ferroviario nunca desapareció completamente de los planes de desarrollo.

Un sueño que vuelve de tiempo en tiempo

Con el paso de los años, diferentes programas gubernamentales han recuperado la propuesta de conectar a Tuxpan con el sistema ferroviario.

Los planes modernos han planteado reconstruir o crear enlaces hacia Magozal, Tampico, Poza Rica, Veracruz y el Valle de México. Las razones siguen siendo prácticamente las mismas que en 1955: reducir los costos de transporte, impulsar la actividad portuaria y facilitar la salida de los productos agrícolas e industriales del norte veracruzano.

La idea adquiere mayor importancia cada vez que el puerto recibe nuevas terminales, aumenta el movimiento de mercancías o se anuncian inversiones energéticas.

Sin embargo, hasta ahora, el ferrocarril continúa siendo una asignatura pendiente.

Las huellas de un futuro que no llegó

Los decretos publicados el 27 de julio de 1955 son testimonio de una época en la que se pensó que los rieles transformarían definitivamente a Tuxpan.

Detrás de aquellas medidas administrativas existía una visión de largo alcance: convertir al puerto en un gran enlace entre el Golfo de México y el centro del país.

Las expropiaciones se realizaron, los terrenos fueron medidos y el derecho de vía comenzó a integrarse. Pero el silbato de la locomotora nunca se escuchó llegando hasta los muelles tuxpeños.

Por eso, esta efeméride no recuerda la inauguración de una obra, sino la historia de una promesa.

Una promesa escrita en decretos, dibujada sobre planos y abierta entre terrenos, pero que nunca consiguió convertirse en el ferrocarril que Tuxpan esperaba.

EFEMÉRIDES DE LA SEMANA DEL 31/08 AL 06/09