El 27 de enero de 1963, Tuxpan despidió a uno de sus médicos más respetados y a una figura profundamente vinculada a la vida pública y social del puerto: el doctor Zózimo Pérez Castañeda.

Su fallecimiento marcó el cierre de una etapa en la que la medicina se ejercía no sólo como profesión, sino como vocación de servicio, en tiempos en los que el médico era, además de sanador, consejero, mediador y referente moral dentro de la comunidad.

De acuerdo con el Diccionario Enciclopédico Veracruzano, obra de referencia de la Universidad Veracruzana, el doctor Pérez Castañeda murió en Tuxpan, ciudad donde desarrolló una parte fundamental de su trayectoria profesional y humana. Su nombre aparece asociado a la historia local como uno de los galenos que atendieron generaciones enteras de tuxpeños, en una época en la que los recursos médicos eran limitados, pero el compromiso era absoluto.

Quienes lo conocieron lo recordaron como un médico cercano, de trato firme pero humano, que ejercía la profesión con disciplina y sentido ético. En aquellos años, la figura del médico trascendía el consultorio: era habitual verlo involucrado en asuntos comunitarios, orientando decisiones y participando activamente en la vida cívica del municipio.

El fallecimiento del doctor Zózimo Pérez Castañeda fue sentido ampliamente en Tuxpan. Su partida dejó un vacío entre pacientes, colegas y familias que durante décadas encontraron en él no sólo atención médica, sino confianza y respaldo en momentos críticos.

Hoy, a más de seis décadas de distancia, su nombre permanece inscrito en la memoria histórica de la ciudad como parte de esa generación de profesionistas que ayudaron a construir el Tuxpan moderno, cuando el crecimiento del puerto avanzaba al mismo ritmo que sus necesidades sociales y de salud.

Recordar esta efeméride no es sólo evocar una fecha, sino reconocer la huella silenciosa pero profunda de quienes dedicaron su vida a cuidar la de los demás.


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