
En los albores del siglo veinte, cuando la palabra petróleo comenzaba a reescribir el destino económico de México, Veracruz Norte vivió uno de los episodios industriales más violentos y definitorios de su historia: la explosión del pozo petrolero Potrero del Llano 4, registrada el 27 de diciembre de 1910.
El yacimiento, enclavado en la Huasteca veracruzana –zona de influencia económica y portuaria de Tuxpan en aquella época– formaba parte del pujante cinturón petrolero operado por compañías extranjeras que perforaban la tierra mexicana con la urgencia del hallazgo. Potrero del Llano 4 era ya un pozo prometedor, pero aquel día el subsuelo mostró su fuerza indómita.
La explosión fue descrita por los cronistas de la industria como un estallido brutal provocado por la presión acumulada de gases y crudo, un fenómeno que no solo sacudió la estructura de perforación, sino también la narrativa del progreso: el petróleo, símbolo de riqueza, también podía ser sinónimo de peligro letal cuando no se comprendía del todo su comportamiento subterráneo.
No existen registros precisos de víctimas fatales en esa detonación específica, pero sí testimonios técnicos que confirman que el siniestro marcó un precedente en la historia de los reventones petroleros en la región, obligando a replantear protocolos de seguridad, ventilación y control de presión en perforaciones posteriores.
El pasado como espejo
Este episodio de 1910 no puede –ni debe– compararse con los eventos recientes que la memoria colectiva tuxpeña tiene aún frescos, como lo ocurrido en octubre de 2025, cuando accidentes y emergencias industriales recordaron la fragilidad de la infraestructura moderna ante fuerzas extraordinarias. Las magnitudes, el contexto tecnológico y las circunstancias fueron radicalmente distintas, pero hay un punto en común: la región ya había escuchado antes el rugido del crudo escapando sin control.
Hace ciento quince años, la explosión de Potrero del Llano 4 fue un aviso temprano: Veracruz norte se convertiría en un polo energético crucial para el país, y en su historia quedarían tanto los triunfos como las cicatrices.
Lecciones de un reventón antiguo
- En 1910, la tecnología petrolera en México era incipiente; los sistemas modernos de prevención de reventones (BOP) aún no existían como los conocemos hoy.
- Los pozos de la Huasteca veracruzana, por su composición geológica, son propensos a acumulación de gas bajo alta presión, factor recurrente en explosiones históricas.
- Tuxpan, como puerto estratégico, se consolidaría décadas después como punto clave para exportación y logística petrolera, impulsado precisamente por hallazgos y eventos industriales como este.
Identidad y memoria
Tuxpan y la región petrolera del norte veracruzano no solo se definen por su valor económico: se definen por su memoria. Recordar la explosión de Potrero del Llano 4 es reconocer que el riesgo industrial no es un fenómeno nuevo, sino un compañero histórico del desarrollo energético de la Huasteca.
Porque si algo enseña el tiempo es esto: la historia no se repite igual, pero sí rima fuerte.












