
En Navidad de 2008, Tuxpan no protagonizó un hecho político ni policíaco, sino algo más silencioso y profundo: se convirtió en escenario de devoción y cinematografía, cuando el proyecto audiovisual dedicado a La Virgen de la Caridad del Cobre incluyó locaciones en las playas del puerto, fundiendo el paisaje del Golfo con el símbolo más entrañable de la fe cubana.
La producción, referida en reseñas culturales de la época, eligió a Tuxpan por una razón estética y espiritual: su litoral sereno, fotogénico y abierto, capaz de narrar sin palabras la relación mística entre la Virgen y el agua. El mar, la arena y la luz de la costa tuxpeña ofrecieron el telón perfecto para una historia donde la fe se mira en el reflejo del océano.
El 25 de diciembre, día de nacimiento y esperanza, la Virgen aparecía en pantalla caminando simbólicamente entre las olas, como si el Golfo le prestara voz para contar que el agua no divide, sino hermana. Y Tuxpan, puerto de historias, aceptó ese papel sin estridencias: el de un litoral que sabe guardar milagros en la brisa.
Así, Navidad de 2008 quedó en la memoria local como un cruce cultural inusual: la Virgen del Cobre mirando a Tuxpan desde el cine, y Tuxpan mirándose en la Virgen desde el mar. Un recordatorio de que el puerto no solo conecta geografías, sino también corazones, nostalgias y creencias.
























