El 24 de marzo de 2009 quedó marcado como una fecha clave para el futuro ambiental de la región: ese día se publicó en la Gaceta Oficial del Estado el Programa de Ordenamiento Ecológico Regional de la Cuenca del Río Tuxpan, un instrumento que, en teoría, establecía reglas claras sobre qué se puede hacer, dónde y bajo qué condiciones dentro de uno de los sistemas hidrológicos más importantes del norte de Veracruz.

No es un documento menor. Este programa define zonas de conservación, áreas de aprovechamiento, límites al crecimiento urbano y lineamientos para actividades productivas, todo con un objetivo central: equilibrar el desarrollo con la protección del entorno natural en una cuenca que ha sido históricamente presionada por la expansión urbana, la actividad portuaria, la ganadería y la industria.

La cuenca del Río Tuxpan no es solo un cauce de agua. Es un sistema complejo que conecta municipios, ecosistemas y economías. Lo que ocurre en sus partes altas termina afectando directamente a la ciudad y a su zona costera. Por eso, el ordenamiento ecológico no es un lujo técnico: es una necesidad estratégica.

Sin embargo, hay un detalle que parece menor, pero no lo es: ni siquiera todos saben cómo se llama correctamente el río.

Existe una tendencia, cada vez más común, de referirse al Río Tuxpan como “Pantepec”. Esto es incorrecto en el contexto local. El Río Pantepec es uno de los afluentes principales que forman el sistema hidrológico en su parte alta, particularmente en la zona serrana entre Puebla y Veracruz. Pero una vez que el sistema avanza, se integra y toma su identidad en la región, el nombre correcto del cauce que atraviesa y da vida a la ciudad es Río Tuxpan.

No es un asunto de capricho ni de costumbre: es una cuestión geográfica, hidrológica y administrativa. Llamarlo “Pantepec” en Tuxpan no solo genera confusión, también refleja una desconexión con la realidad territorial que el propio programa de ordenamiento buscaba corregir.

A más de una década de su publicación, la pregunta sigue vigente: ¿qué tanto se ha respetado ese ordenamiento? Porque si bien el documento existe y establece lineamientos claros, la presión sobre la cuenca no ha disminuido. Asentamientos irregulares, cambios de uso de suelo y descargas siguen siendo parte del paisaje.

El Programa de Ordenamiento Ecológico Regional de la Cuenca del Río Tuxpan fue, y sigue siendo, una hoja de ruta. Pero como ocurre con muchos instrumentos de planeación en México, su eficacia depende menos de lo que dice el papel y más de la voluntad de aplicarlo.

Y en eso, Tuxpan —como muchas otras ciudades— sigue teniendo una deuda pendiente con su propio río. Porque entenderlo, nombrarlo correctamente y respetarlo no debería ser opcional, sino el punto de partida.

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