Mucho antes de que el mapa político del país adquiriera su configuración actual, existió un proyecto que pretendía reunir a los pueblos de la Huasteca en una sola entidad. La propuesta comprendía territorios que hoy pertenecen a Veracruz, Hidalgo, San Luis Potosí y Tamaulipas, con Tuxpan como una de sus piezas geográficas más importantes por su comunicación con el Golfo de México.

La existencia de aquel proyecto quedó documentada en una carta fechada el 23 de julio de 1823, enviada por Antonio Cortés al Ministerio de Guerra y Marina.

Aunque la misiva no respaldaba completamente la iniciativa —por el contrario, cuestionaba la actuación de algunos de sus promotores—, constituye una prueba documental de que, apenas consumada la Independencia de México, ya se discutía la posibilidad de formar una provincia propia para los habitantes de las Huastecas.

Una región dividida entre diferentes gobiernos

La Huasteca ha sido históricamente una región unida por su geografía, sus ríos, las rutas comerciales, las lenguas originarias y numerosas expresiones culturales. Sin embargo, políticamente quedó fragmentada entre diferentes entidades.

Después de la Independencia, los pueblos huastecos se encontraban repartidos entre Veracruz, Puebla, México, San Luis Potosí y Nuevo Santander, territorio que posteriormente formaría parte de Tamaulipas.

Esta división provocaba dificultades administrativas. Las poblaciones estaban alejadas de sus respectivas capitales, las comunicaciones eran complicadas y cada gobierno aplicaba disposiciones, contribuciones e intereses distintos a comunidades que mantenían una estrecha relación entre sí.

Fue en ese contexto cuando Cristóbal Andrade, integrante del Ayuntamiento de Huejutla, promovió la integración de una provincia huasteca.

La propuesta contemplaba convocar a 51 ayuntamientos y pueblos para discutir la formación de una entidad que reuniera a buena parte de la región.

La carta del 23 de julio

El proyecto logró trascender el ámbito local gracias a la carta que Antonio Cortés dirigió al Ministerio de Guerra y Marina el 23 de julio de 1823.

El documento es citado por el historiador Antonio Escobar Ohmstede en sus investigaciones sobre los movimientos políticos y sociales de las Huastecas durante el siglo XIX.

Cortés criticaba la actitud de Andrade y de algunos de sus allegados, además de expresar una visión negativa sobre las posibilidades de organización de los habitantes de la región. Sin embargo, al comunicar el asunto a las autoridades nacionales, dejó constancia de que la propuesta de crear una provincia huasteca existía y había comenzado a circular entre distintos pueblos.

De esta manera, una carta escrita para cuestionar el movimiento terminó convirtiéndose, dos siglos después, en una de las principales evidencias de aquel temprano proyecto territorial.

La importancia estratégica de Tuxpan

Tuxpan ocupaba una posición fundamental dentro de cualquier intento por integrar políticamente a la Huasteca.

El puerto era la salida natural de una extensa región hacia el Golfo de México. A través de sus caminos, ríos y rutas comerciales podía establecerse comunicación con poblaciones de la Sierra Norte de Puebla, Hidalgo y el centro del país.

Esa condición permitió que con el paso del tiempo Tuxpan fuera reconocido como la Puerta de Oro de la Huasteca.

Una nueva entidad formada únicamente por poblaciones serranas y del interior habría necesitado una conexión marítima para transportar mercancías, recibir productos y mantener relaciones comerciales con otros puertos. Tuxpan podía cumplir esa función.

No existe evidencia de que en 1823 se hubiera designado formalmente a Tuxpan como capital de la proyectada provincia. Sin embargo, su ubicación lo convertía en un territorio difícil de excluir de cualquier propuesta económica y política que pretendiera reunir a las Huastecas.

El proyecto regresó décadas después

La iniciativa de 1823 no prosperó, pero la idea de crear una entidad huasteca tampoco desapareció.

Durante las décadas siguientes surgieron nuevos movimientos que reclamaron mayor autonomía para la región. En 1855, el político liberal Manuel Fernando Soto retomó el proyecto y propuso la creación del Estado de Iturbide.

La nueva entidad estaría formada por cinco grandes distritos:

  • Tuxpan.
  • Tampico de Veracruz.
  • Tancanhuitz.
  • Huejutla.
  • El sur de Tamaulipas.

El proyecto contaría con cerca de 300 mil habitantes, tierras agrícolas y ganaderas, bosques, ríos, lagunas y dos puertos para el intercambio comercial.

Fue entonces cuando se elaboró la Carta del proyectado Estado de Iturbide, el plano histórico que permite observar la enorme extensión territorial que habría tenido aquella entidad.

El mapa fue mandado formar por Manuel Fernando Soto en 1855 y actualmente se encuentra identificado dentro del acervo de la Mapoteca Manuel Orozco y Berra.

Por lo tanto, el plano no corresponde directamente a la propuesta de 1823. Representa una versión posterior y más desarrollada de la misma aspiración: reunir políticamente a los pueblos de la Huasteca.

Tuxpan habría sido una de sus principales ciudades

En la carta geográfica de 1855 puede observarse claramente el distrito de Tuxpan, extendido sobre una importante porción del norte veracruzano y conectado con Huejutla, Tampico, Tancanhuitz y otros territorios huastecos.

El puerto habría aportado al nuevo estado su acceso al mar, actividad comercial, pesca, recursos naturales y comunicación con el centro de México.

De haberse concretado el proyecto, Tuxpan probablemente habría figurado entre las ciudades más importantes de la nueva entidad. Sin embargo, no puede afirmarse que habría sido su capital, pues las distintas propuestas y movimientos no llegaron a consolidar una estructura política definitiva.

El estado que nunca nació

Ni la iniciativa de 1823 ni el proyecto del Estado de Iturbide de 1855 consiguieron modificar definitivamente la división territorial del país.

Las entidades involucradas se opusieron a perder municipios, población, puertos y recursos. Además, México atravesaba una época marcada por levantamientos, disputas entre federalistas y centralistas, intervenciones extranjeras y constantes cambios de gobierno.

Finalmente, el 16 de enero de 1869 fue creado el estado de Hidalgo, incorporando una parte importante de la Huasteca, pero dejando fuera los territorios veracruzanos, potosinos y tamaulipecos.

La gran entidad huasteca nunca llegó a constituirse.

Una historia que comenzó a escribirse en 1823

La carta del 23 de julio de 1823 representa uno de los primeros testimonios del deseo de algunos dirigentes regionales de reunir a las Huastecas bajo un mismo gobierno.

El documento demuestra que la identidad huasteca no ha dependido únicamente de las fronteras políticas. Mucho antes de que existieran las actuales carreteras y divisiones municipales, los pueblos de la región ya compartían caminos, mercados, ríos, tradiciones y relaciones familiares.

El mapa elaborado décadas después permite imaginar la magnitud de aquel proyecto. Desde las costas del Golfo hasta las serranías del interior, el Estado Huasteco habría ocupado un territorio extenso y diverso.

En esa geografía, Tuxpan habría tenido una importancia excepcional: era el puerto que comunicaba a la región con el mar y la entrada natural desde el centro del país hacia el norte de Veracruz.

El Estado Huasteco nunca nació, pero la carta fechada el 23 de julio de 1823 conserva la memoria de aquella posibilidad histórica: una sola entidad para una región que, a pesar de permanecer dividida entre varios estados, continúa reconociéndose como una misma Huasteca.

Fuentes consultadas: investigaciones de Antonio Escobar Ohmstede publicadas por El Colegio de San Luis y SciELO; Carta del proyectado Estado de Iturbide, Mapoteca Manuel Orozco y Berra, 1855.

EFEMÉRIDES DE LA SEMANA DEL 27/07 AL 02/08