El 23 de febrero de 1889 nació en Veracruz Cándido Aguilar Vargas, militar revolucionario, constitucionalista y político que, aunque no fue tuxpeño de cuna, quedó inscrito en la historia local por una decisión que marcó al puerto para siempre.

En 1914, en medio de la turbulencia nacional tras la caída del régimen huertista, Aguilar —ya como gobernador constitucionalista del estado— expidió desde Tuxpan el decreto que convirtió al puerto en sede provisional de los Poderes del Estado de Veracruz. Aquella determinación no fue simbólica: implicó trasladar el peso político y administrativo del estado a esta franja norte veracruzana en un momento crítico del país.

1914: cuando la historia miró hacia el norte

México vivía la reconfiguración del poder tras la Revolución. Veracruz era territorio estratégico. El puerto de Tuxpan, por su ubicación geográfica, su salida marítima y su posición frente al Golfo, ofrecía condiciones logísticas y políticas que otras ciudades no podían garantizar en ese instante.

Fue entonces cuando Cándido Aguilar firmó el decreto que otorgó a Tuxpan la categoría de capital provisional del estado. Durante ese periodo, el municipio no solo fue punto comercial o petrolero: fue centro de decisiones, de decretos y de reorganización institucional.

Para la historia tuxpeña, ese episodio representa algo más profundo:
Tuxpan dejó de ser periferia y se convirtió, aunque temporalmente, en corazón político de Veracruz.

El hombre detrás del decreto

Aguilar fue uno de los cuadros cercanos al constitucionalismo carrancista. Participó activamente en la Revolución Mexicana y más tarde ocupó diversos cargos federales. Su trayectoria estuvo ligada a la consolidación del nuevo orden político posrevolucionario.

Pero en la memoria de Tuxpan, su nombre permanece asociado a aquel año decisivo.

Una efeméride con identidad

Hoy, al recordar que han pasado ciento treinta y siete años desde su nacimiento, vale la pena subrayar que la historia grande también pasa por los puertos aparentemente tranquilos.

En 1914, Tuxpan no fue espectador: fue escenario.

Y esa es la lección de esta fecha:
las ciudades no solo se miden por su tamaño, sino por los momentos en que la historia las elige.

Porque sí —aunque sea por decreto y por circunstancias—
Tuxpan también ha sido capital.

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