
La mañana del 23 de agosto de 1996, Veracruz norte volvió a mirar con preocupación hacia el Golfo de México. El huracán Dolly avanzaba hacia la costa después de atravesar la península de Yucatán, recuperar fuerza sobre las aguas cálidas del Golfo y convertirse nuevamente en huracán categoría 1.
Con vientos sostenidos de aproximadamente 130 kilómetros por hora, Dolly tocó tierra en la franja costera comprendida entre Tuxpan y Tampico. El centro del ciclón ingresó más cerca de la zona de Pánuco y Pueblo Viejo, pero su amplio campo de vientos y lluvias alcanzó con fuerza a Tuxpan, Tamiahua y otros municipios de la Huasteca veracruzana.
En Tuxpan, las lluvias intensas provocaron inundaciones en sectores bajos, mientras las ráfagas derribaron árboles, postes, anuncios y dañaron numerosas viviendas. El suministro eléctrico y las comunicaciones presentaron interrupciones, y varias carreteras de la región quedaron anegadas o prácticamente intransitables.
En las comunidades rurales, la situación fue todavía más complicada. Los caminos de terracería se convirtieron en lodazales, algunos poblados quedaron temporalmente aislados y numerosas familias tuvieron que abandonar sus casas ante el crecimiento de arroyos, esteros y zonas inundables.
Dolly también golpeó con fuerza a Tamiahua, Pueblo Viejo, Pánuco y Tampico Alto. En buena parte de la Huasteca, las familias protegieron puertas y ventanas como pudieron, subieron muebles y pertenencias a lugares altos y buscaron refugio en casas construidas con materiales más resistentes.
Los reportes posteriores documentaron cientos de viviendas destruidas o dañadas y alrededor de 35 mil personas desplazadas en el noreste de México. En todo el país, el paso del ciclón dejó al menos 14 personas muertas, siete de ellas en Veracruz, además de pérdidas importantes en viviendas, cultivos, caminos y servicios públicos.
En Tuxpan, Dolly quedó en la memoria como uno de aquellos huracanes que, sin entrar directamente por el municipio, demostraron que no es necesario encontrarse en el centro de la trayectoria para sufrir sus consecuencias.
Las bandas del ciclón fueron suficientes para castigar la costa, provocar inundaciones y alterar durante varios días la vida cotidiana de miles de habitantes.
El huracán se debilitó rápidamente después de internarse en territorio mexicano. Durante las primeras horas del 24 de agosto fue degradado a depresión tropical y continuó atravesando el país hasta que sus remanentes llegaron al océano Pacífico.
A casi tres décadas de distancia, Dolly permanece como parte de la memoria meteorológica de Tuxpan y del norte de Veracruz. Su paso recordó, una vez más, la vulnerabilidad de las poblaciones costeras y la necesidad de mantenerse alerta ante cualquier ciclón que avance por el Golfo de México.
Porque aquel 23 de agosto de 1996, aunque el ojo del huracán pasó más al norte, Tuxpan también recibió la fuerza de Dolly.










