El poderoso ciclón tocó tierra cerca de Tecolutla como categoría 2, aproximadamente 65 kilómetros al sur-sureste del puerto tuxpeño

La mañana del 22 de agosto de 2007, los habitantes del norte de Veracruz seguían con atención la trayectoria del huracán Dean. Durante horas, Tuxpan se preparó para recibir uno de los ciclones más poderosos de aquella temporada.

Dean ya había cruzado la península de Yucatán después de tocar tierra cerca de Mahahual, Quintana Roo, como un devastador huracán categoría 5. Al atravesar tierra perdió fuerza, pero cuando salió nuevamente al golfo de México encontró aguas cálidas y comenzó a reorganizarse.

Su mirada estaba puesta ahora sobre Veracruz.

Los pronósticos colocaron a Tuxpan dentro de la zona de riesgo. En las colonias, comunidades y zonas costeras se pidió a la población mantenerse atenta. Se habilitaron refugios temporales y numerosas familias abandonaron preventivamente sus viviendas.

También existía preocupación por las instalaciones petroleras, el puerto, la termoeléctrica Adolfo López Mateos y las poblaciones asentadas cerca del mar, los esteros y los ríos.

Finalmente, alrededor de las 11:30 de la mañana, el centro de Dean tocó tierra cerca de Tecolutla, aproximadamente 65 kilómetros al sur-sureste de Tuxpan.

El huracán ingresó como categoría 2 en la escala Saffir-Simpson, con vientos sostenidos cercanos a los 160 kilómetros por hora.

Tuxpan no recibió el impacto directo del ojo, pero quedó dentro del área de influencia del ciclón. La ciudad y sus comunidades sintieron fuertes vientos, lluvias y un oleaje considerable que obligó a mantener cerradas las actividades marítimas.

Durante aquellas horas, la incertidumbre dominó la región. Las calles permanecieron semivacías, los comercios bajaron sus cortinas y muchas familias siguieron las noticias por radio y televisión mientras esperaban que el meteoro terminara de cruzar Veracruz.

La trayectoria ligeramente al sur evitó que el golpe directo ocurriera sobre Tuxpan. Sin embargo, la cercanía del fenómeno fue suficiente para provocar daños materiales y alteraciones en los servicios y actividades de la zona.

Dean se internó rápidamente en territorio veracruzano y comenzó a perder fuerza al encontrarse con las montañas. Por la tarde ya había sido degradado a tormenta tropical y posteriormente a depresión.

Pero el peligro no terminó cuando desaparecieron los vientos más intensos.

Las lluvias continuaron afectando distintas regiones de Veracruz, Puebla e Hidalgo. Los ríos aumentaron sus niveles, algunas carreteras presentaron derrumbes y decenas de poblaciones quedaron incomunicadas o con daños en viviendas y cultivos.

En Tuxpan, una de las consecuencias más graves se conocería días después.

Las fuertes marejadas provocadas por Dean dañaron la monoboya número dos del complejo de la termoeléctrica Adolfo López Mateos. Una fractura en el ducto utilizado para abastecer combustóleo ocasionó un derrame en el mar.

El hidrocarburo llegó posteriormente a las playas de la zona, generando contaminación y obligando a realizar trabajos de limpieza. Así, el paso del huracán dejó no solamente solamente daños por el viento y el oleaje, sino también un problema ambiental que se prolongó después de la emergencia meteorológica.

Dean quedó grabado en la memoria de los habitantes de Tuxpan como uno de esos huracanes que parecían dirigirse directamente hacia el puerto y que, en las últimas horas, modificaron ligeramente su trayectoria.

La ciudad evitó el golpe del centro del ciclón, pero su cercanía recordó nuevamente la vulnerabilidad de toda la costa norte de Veracruz.

El 22 de agosto de 2007, Tuxpan vivió horas de alerta, evacuaciones, refugios y espera. El viento, las lluvias y el mar embravecido confirmaron que, aunque el ojo de Dean ingresó por Tecolutla, sus efectos alcanzaron a toda la región.

Desde entonces, su nombre forma parte de la historia de los grandes ciclones que han amenazado y golpeado al norte de Veracruz.

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