La vía presentaba graves daños por las lluvias; ciudadanos organizados pidieron apoyo regional para presionar al Gobierno Federal

La carretera México–Tuxpan ya existía y se encontraba en funcionamiento, pero transitar por ella seguía siendo toda una aventura. Las lluvias constantes de 1952 habían provocado graves desperfectos y nuevamente amenazaban con dejar prácticamente incomunicado al puerto.

Ante el deterioro del camino y la lentitud de los trabajos oficiales, los tuxpeños decidieron organizarse. El 22 de agosto de 1952, el Club Rotario de Tuxpan solicitó el respaldo de sus agrupaciones hermanas de Poza Rica, Papantla, Huauchinango y Pachuca.

La petición era muy concreta: que enviaran telegramas a la Presidencia de la República y a la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas para exigir que se acelerara la reconstrucción de la carretera México–Tuxpan.

El episodio quedó registrado en la Monografía de la Ciudad de Tuxpam, donde se menciona que las lluvias de prácticamente todo el año habían ocasionado numerosos daños en la vía.

No se trataba de una queja menor. Para Tuxpan, aquella carretera era la principal conexión terrestre con el centro del país. Por ahí circulaban pasajeros, mercancías, productos del campo, correspondencia y todo aquello que mantenía en movimiento la economía del puerto y la región.

Cuando la carretera quedaba dañada, los viajes se hacían más largos, peligrosos y costosos. Los deslaves, el lodo, los baches y los tramos prácticamente intransitables podían detener durante horas —o incluso días— el traslado entre Tuxpan y la Ciudad de México.

Por eso, los integrantes del Club Rotario entendieron que una petición aislada probablemente terminaría archivada en algún escritorio. Decidieron sumar voces de otras ciudades que también dependían de esa ruta.

La estrategia consistió en convertir el problema de Tuxpan en una exigencia regional. Si desde Poza Rica, Papantla, Huauchinango y Pachuca llegaban telegramas al Gobierno Federal, la presión sería mayor y resultaría más difícil ignorar el reclamo.

La solicitud del 22 de agosto de 1952 forma parte de una larga historia de organización ciudadana alrededor de la carretera México–Tuxpan. Desde años antes, empresarios, profesionistas, comerciantes, autoridades municipales y habitantes de la región habían participado en comités y gestiones para impulsar su construcción y evitar que los trabajos fueran suspendidos.

La carretera no fue solamente una obra del Gobierno. También fue resultado de la insistencia de varias generaciones que comprendieron que, sin una comunicación segura con el centro del país, Tuxpan difícilmente podría desarrollarse.

Aquel reclamo también deja una lección que continúa vigente: construir una carretera no basta. Es necesario conservarla, repararla y garantizar que permanezca transitable.

Han pasado más de siete décadas desde aquella petición y la México–Tuxpan se ha transformado considerablemente. Sin embargo, los derrumbes, deslaves, cierres y daños ocasionados por las lluvias siguen recordando los problemas enfrentados por quienes recorrían la antigua ruta.

El 22 de agosto de 1952, los tuxpeños no esperaron en silencio. Se organizaron, buscaron aliados y levantaron la voz para exigir una vía digna.

Fue una batalla librada con cartas, telegramas y gestiones, pero también un capítulo importante en la historia de la comunicación terrestre de Tuxpan.

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