El 20 de julio de 1882 se formalizó el contrato de la compañía que establecería el Ferrocarril Urbano de Tuxpan, un modesto tranvía arrastrado por mulas que se convirtió en el primer sistema organizado de transporte colectivo de la ciudad.

Aquel ferrocarril no tenía locomotoras de vapor ni comunicaba a Tuxpan con otras poblaciones. Era una vía urbana construida para trasladar pasajeros entre Tenechaco, el centro comercial y la ribera del río.

Su aparición fue una señal del crecimiento económico que experimentaba Tuxpan durante las últimas décadas del siglo XIX.

Una ciudad comunicada por el río

En 1882, Tuxpan contaba con cerca de cinco mil habitantes. La ciudad dependía fundamentalmente del comercio marítimo y fluvial, pues todavía no existían caminos modernos que permitieran una comunicación eficiente con el altiplano o con otras regiones de Veracruz.

Las mercancías procedentes del centro del país llegaban por difíciles caminos de herradura, mientras que balandros, pailebotes y embarcaciones de pequeño tonelaje conectaban al puerto con otras localidades del Golfo de México y con ciudades de Estados Unidos.

Tuxpan tenía casas comerciales, agencias navieras y representaciones consulares de países como España, Francia, Rusia y Estados Unidos. En ese ambiente de prosperidad comenzaron a surgir proyectos para modernizar los servicios urbanos.

Uno de ellos fue el Ferrocarril Urbano de Tuxpan.

Los impulsores del proyecto

La iniciativa fue encabezada por Pedro Basañez, comerciante de origen español e integrante de una familia estrechamente relacionada con el desarrollo económico de la ciudad.

Desde 1881, Basañez había solicitado al gobernador de Veracruz, Apolinar Castillo, una concesión para construir un ferrocarril urbano en Tuxpan. Posteriormente se asoció con Bernardo Arteaga, otro comerciante español avecindado en el puerto.

Ambos constituyeron una sociedad anónima con un capital de 20 mil pesos, dividido en acciones con valor de cinco pesos cada una. Los títulos fueron colocados entre comerciantes e inversionistas tuxpeños interesados en financiar el proyecto.

El contrato de la compañía quedó fechado el 20 de julio de 1882. Este documento establecía las condiciones bajo las cuales funcionaría la sociedad y los derechos de quienes adquirieran acciones.

El respaldo del Gobierno de Veracruz

Pocos días después, el 2 de agosto de 1882, la Legislatura del Estado de Veracruz expidió el Decreto número 169 para impulsar la construcción del ferrocarril.

El decreto concedió a la empresa una exención de contribuciones municipales y estatales durante 50 años. También permitió introducir, libres de impuestos, los materiales necesarios para construir y conservar la vía.

La disposición decía:

Queda exenta de toda contribución municipal y del Estado durante cincuenta años, el ferrocarril que construirán en la ciudad de Tuxpan los señores B. Arteaga y P. Basañez”.

El apoyo gubernamental demuestra que el proyecto era considerado una obra de utilidad pública y un instrumento para estimular el crecimiento de la ciudad.

El tranvía de mulitas

El Ferrocarril Urbano de Tuxpan era en realidad un tranvía de tracción animal. Sus pequeños vagones circulaban sobre rieles y eran arrastrados por mulas.

El recorrido comenzaba en la Plazuela de la Rivera, frente al río, aproximadamente en la actual esquina de la calle Genaro Rodríguez con el bulevar Jesús Reyes Heroles.

Desde ese punto, el tranvía doblaba hacia la avenida Juárez, atravesaba el centro de la ciudad y cruzaba el estero de Tenechaco mediante el antiguo puente de madera. La ruta terminaba frente al edificio de piedra construido por Pedro Basañez.

El trayecto permitía comunicar la zona comercial y portuaria con la parte norte de Tuxpan, facilitando el traslado cotidiano de habitantes, trabajadores y comerciantes.

La inauguración

De acuerdo con la investigación del cronista Obed Zamora Sánchez, la inauguración se realizó una mañana de domingo de 1882.

Al acto asistieron autoridades civiles y militares, integrantes de las familias Basañez y Arteaga, inversionistas y numerosos habitantes de la ciudad. José G. Sedano, antiguo alcalde de Tuxpan y tesorero de la sociedad, fue el encargado de cortar el listón.

El primer recorrido fue conducido por José María González, conocido afectuosamente como “Don Chema”. Durante varios años estuvo al frente del tranvía y, después de su fallecimiento, fue sustituido por Celerino Sedano, mejor conocido como “Sietepalos”.

Aunque no se conoce con certeza el precio del pasaje, el cronista estimaba que posiblemente costaba cinco centavos.

Una acción que conserva la historia

La fecha del 20 de julio de 1882 se conoce gracias a una acción original de la empresa que estuvo en poder del cronista de Tuxpan.

El certificado correspondía a Pedro Basañez y amparaba 20 acciones, equivalentes a 100 pesos. El documento señalaba que sus derechos podían transferirse conforme a la cláusula decimocuarta del contrato celebrado el 20 de julio de 1882.

La acción fue expedida posteriormente, el 4 de noviembre de ese año, y estaba firmada por el presidente de la compañía y por su tesorero, José G. Sedano.

Esta precisión permite distinguir las diferentes fechas del proyecto:

  • El contrato de la compañía fue formalizado el 20 de julio.
  • El decreto estatal se expidió el 2 de agosto.
  • El certificado de las acciones de Pedro Basañez fue emitido el 4 de noviembre.

Por ello, no sería correcto afirmar que el 20 de julio comenzó a circular el tranvía o que ese día fueron expedidas sus acciones. La efeméride corresponde específicamente a la formalización del contrato.

¿Cuándo desapareció?

No se conoce con exactitud cuándo dejó de funcionar el Ferrocarril Urbano de Tuxpan.

Algunas fotografías antiguas muestran todavía los rieles sobre la calle principal, aunque el tranvía ya había desaparecido. Las referencias disponibles permiten suponer que dejó de circular antes de comenzar el siglo XX o durante sus primeros años.

El escritor Manuel Maples Arce, quien relató sus recuerdos de Tuxpan correspondientes al periodo de 1903 a 1908, no menciona haber visto en funcionamiento el tranvía. Esto indica que probablemente ya había dejado de prestar servicio.

A pesar de su desaparición, el Ferrocarril Urbano de Tuxpan ocupa un lugar especial dentro de la historia local. Representó uno de los primeros esfuerzos por modernizar la movilidad de una ciudad que crecía alrededor de su río y de sus actividades comerciales.

El 20 de julio de 1882 no solamente se formalizó un contrato empresarial. También comenzó a tomar forma la idea de comunicar a Tuxpan mediante un transporte colectivo regular, muchas décadas antes de la llegada de los autobuses, los taxis y los automóviles que transformarían definitivamente la vida urbana.

Fuente principal: investigación “El Ferrocarril Urbano de Tuxpan”, del cronista Obed Zamora Sánchez, publicada en el sitio Tuxpan, las crónicas de su ciudad y puerto.

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