La historia del yate Granma no concluyó en un puerto mexicano, pero sí comenzó en uno: Tuxpan, el punto donde, en 1956, se gestó la travesía que marcó a América Latina. Casi dos décadas después, el dos de enero de 1974, la embarcación realizó en Cuba su último recorrido marítimo conmemorativo, antes de quedar definitivamente resguardada como pieza de museo.

Un barco modesto, un legado descomunal

Construido en 1953 en astilleros estadounidenses, el Granma era originalmente un yate recreativo. Fue adquirido en México y acondicionado en Tuxpan para una misión que nada tenía de turística: transportar a un grupo de revolucionarios rumbo a Cuba.

Desde el río Tuxpan hasta el Golfo de México, el yate fue adaptado para la navegación de altura. La logística, discreta pero eficiente, ocurrió en una ciudad que ya entonces era clave para la industria petrolera y el comercio marítimo. El Granma partió sin ceremonias, pero con destino a la historia.

1974: el día que el mar dejó de ser su casa

El recorrido del 2 de enero de 1974 no fue de combate ni de fuga: fue un acto simbólico organizado en La Habana para honrar el aniversario de la revolución. Tras esa navegación, el yate fue trasladado a una instalación museográfica donde permanece exhibido, protegido como patrimonio histórico de Cuba.

Tuxpan: puerto de arranque, no de final

Para el lector tuxpeño, el dato es inequívoco: el yate que cambió el rumbo político del Caribe y de buena parte del continente, zarpó desde nuestras aguas. La última travesía en 1974 simboliza el cierre de su ciclo como embarcación activa, pero también abre la reflexión sobre la huella que dejó en México.

Pocos recuerdan que Tuxpan no solo fue testigo de la compra y adecuación del Granma, sino parte de la narrativa energética y marítima del país en el siglo XX. Aquí también se hacen historias de alto voltaje geopolítico, aunque no siempre se cuenten.

Por qué importa recordarlo hoy

Porque Tuxpan no es un punto aislado en el mapa: es un puerto bisagra entre la historia marítima y la historia política. Y porque las efemérides no solo se escriben para recordar lo que ocurrió aquí, sino lo que ocurrió desde aquí.


Epílogo editorial

El yate Granma es hoy una reliquia museística, pero su travesía final de 1974 nos recuerda algo más: las embarcaciones dejan de navegar, pero las ciudades que las impulsaron permanecen. Y Tuxpan sigue aquí: firme, estratégico y marítimo, con historias que merecen ser contadas todos los días.


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