
Cada 19 de junio, Tuxpan recuerda el nacimiento de uno de sus personajes más célebres, admirados y entrañables: César Garizurieta, mejor conocido como “El Tlacuache”, abogado, político, diplomático, escritor y dueño de un ingenio que lo convirtió en una figura única dentro de la vida pública mexicana.
Nacido en Tuxpan en 1904, Garizurieta trascendió los cargos que ocupó y los libros que escribió para convertirse en una auténtica leyenda popular. Su nombre sigue vivo gracias a las innumerables anécdotas que protagonizó y a frases que, décadas después, continúan formando parte del imaginario político nacional.
La más famosa de ellas es, sin duda:
“Vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”.
La expresión se volvió tan popular que terminó por sobrevivir a generaciones enteras de políticos. Lo que comenzó como una ocurrencia cargada de ironía se transformó en una frase que retrata, con humor y crudeza, una realidad muy mexicana: la cercanía al poder y la dependencia de los recursos públicos.
Pero reducir a César Garizurieta a una sola frase sería injusto.
Quienes estudiaron su vida coinciden en que poseía una inteligencia excepcional, una enorme capacidad para improvisar y una visión crítica que siempre acompañó con una sonrisa. Era capaz de responder con humor incluso en los momentos más incómodos.
Se cuenta que en una ocasión llegaron quejas hasta la oficina presidencial porque pasaba demasiado tiempo en cafés, reuniones culturales y conversaciones con amigos, en lugar de permanecer en su despacho. Cuando el presidente le pidió una explicación, Garizurieta respondió con total serenidad:
“Si todos vamos a estar trabajando como desesperados, entonces ¿quién es el que va a pensar?”.
Aquella respuesta sintetizaba la personalidad de “El Tlacuache”: irreverente, inteligente y siempre dispuesto a cuestionar lo establecido.
Su humor también estaba profundamente ligado a Veracruz. Una de las anécdotas más conocidas relata que, al llegar a Londres y encontrarse con una espesa neblina, observó el paisaje gris y exclamó:
“¡Hay norte en Veracruz!”.
La ocurrencia provocó risas entre quienes lo acompañaban y demuestra que, aun lejos de su tierra, seguía interpretando el mundo desde la perspectiva de un veracruzano.
A lo largo de su trayectoria mantuvo amistad con personajes de la talla de Adolfo Ruiz Cortines y Manuel Ávila Camacho, y participó activamente en la política nacional. Sin embargo, nunca perdió el estilo desenfadado que lo distinguía.
Entre las muchas historias que sobreviven sobre su figura, destaca aquella en la que, buscando una candidatura política, se presentó directamente ante el presidente de la República para informarle de sus aspiraciones. Cuando el mandatario le preguntó qué organizaciones respaldaban su proyecto, respondió sin titubeos:
“Ninguna, señor presidente; por eso vengo a verlo a usted”.
Historias como esa ayudaron a construir el mito de un hombre que parecía tener siempre una respuesta lista para cualquier situación.
Más allá de la política, César Garizurieta dejó una importante huella en la literatura y el periodismo. Su capacidad para observar las costumbres nacionales y convertirlas en relatos llenos de humor lo convirtió en una referencia obligada para quienes disfrutan de la sátira política mexicana.
Para Tuxpan, su figura representa mucho más que un personaje histórico. Es el ejemplo de cómo el talento, la inteligencia y el sentido del humor pueden abrirse paso en cualquier escenario. Su legado sigue vigente porque sus frases y anécdotas continúan siendo contadas de generación en generación.
A 122 años de su nacimiento, “El Tlacuache” sigue arrancando sonrisas y reflexiones. Su memoria permanece viva en las calles de su ciudad natal, en los libros que escribió y en las historias que recuerdan a aquel tuxpeño brillante que hizo del ingenio una forma de ver la vida.
Porque si algo demostró César Garizurieta, es que el humor inteligente también puede convertirse en historia.














