Hay fechas que no suenan en los libros escolares, pero que cambian para siempre la historia de una comunidad. El 19 de febrero de 1957 es una de ellas para Alto Lucero, municipio de Tuxpan, Veracruz.

Ese día fue aprobado el plano y el expediente de ejecución mediante resolución presidencial que dotó al poblado con 420 hectáreas, consolidando su reconocimiento jurídico como núcleo agrario. En términos de la Reforma Agraria, aquello significó más que tierra: fue identidad, fue pertenencia y fue la formalización del derecho colectivo sobre el territorio.

El nacimiento legal del ejido

En la segunda mitad del siglo XX, la política agraria mexicana aún buscaba corregir las profundas desigualdades heredadas del porfiriato. La dotación de tierras era, para cientos de comunidades rurales, la puerta de entrada a la estabilidad.

Para Alto Lucero, el 19 de febrero de 1957 marcó su nacimiento legal como ejido reconocido por el Estado mexicano. Desde entonces, la tierra dejó de ser solo espacio físico y se convirtió en patrimonio colectivo, en sustento, en herencia.

De comunidad rural a bastión político

Con el paso de las décadas, Alto Lucero no solo creció en población y organización; también se convirtió en un bastión político estratégico en cada proceso electoral.

En temporada de campañas, los candidatos de todos los colores recorren sus calles y parcelas. Prometen caminos, servicios, infraestructura, apoyos productivos. Saben que ganar Alto Lucero puede significar inclinar la balanza en Tuxpan.

Y, como ocurre en muchas comunidades rurales de México, no siempre las promesas se cumplen.

Sin embargo, sería injusto decir que nada ha cambiado. Poco a poco, a lo largo de los años, el ejido ha ido obteniendo mejoras: electrificación, servicios básicos, programas sociales, caminos rurales. No siempre al ritmo deseado, no siempre con la contundencia esperada, pero sí con avances que hablan de una lucha constante por la justicia social.

Una comunidad que no olvida su origen

Recordar el 19 de febrero de 1957 no es un acto protocolario. Es reconocer que Alto Lucero nació de un proceso agrario que buscaba equilibrar desigualdades históricas.

Hoy, más de seis décadas después, la comunidad sigue siendo protagonista en la vida política de Tuxpan. Sigue siendo terreno de disputa electoral, pero también ejemplo de organización y memoria colectiva.

Porque antes de ser botín de campaña, Alto Lucero fue — y sigue siendo — tierra conquistada con papel oficial, plano aprobado y voluntad comunitaria.

Y cada 19 de febrero, más que celebrar, la fecha invita a recordar que la tierra no solo se posee: se defiende, se trabaja y se honra.

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