En el México convulso de la posrevolución, cuando el país intentaba consolidar su soberanía sobre los recursos del subsuelo, Tuxpan, Veracruz, se convirtió en escenario de una disputa que marcaría el rumbo de la industria petrolera nacional.

El 19 de febrero de 1918, en el contexto del gobierno de Venustiano Carranza, dieciocho compañías petroleras —en su mayoría de capital estadounidense y europeo— promovieron un juicio de amparo ante el juez federal con sede en Tuxpan. El motivo: un decreto emitido ese mismo día que establecía impuestos a los campos petroleros y a la producción de hidrocarburos, en aplicación de los nuevos principios constitucionales que reconocían la propiedad de la Nación sobre el subsuelo.

El trasfondo: el artículo 27 y la soberanía energética

La Constitución de 1917 había sentado un precedente histórico. Su artículo 27 reconocía que las riquezas del subsuelo pertenecían a la Nación, lo que afectaba directamente a las compañías extranjeras que, hasta entonces, operaban bajo concesiones previas al nuevo orden constitucional.

El decreto del 19 de febrero de 1918 representó un paso más en la consolidación de esa política. Las empresas respondieron con una estrategia jurídica: acudir a los tribunales federales para frenar la aplicación del impuesto. Y fue en Tuxpan donde decidieron litigar.

¿Por qué Tuxpan?

En aquellos años, Veracruz Norte era uno de los corredores petroleros más importantes del país. Los campos cercanos a la costa del Golfo producían miles de barriles diarios, y el puerto de Tuxpan fungía como punto logístico estratégico para exportaciones.

La presencia de un juzgado federal en la ciudad convirtió a Tuxpan en un epicentro jurídico del conflicto petrolero. No era solo un puerto comercial: era también un espacio donde se disputaba el modelo económico del México moderno.

Una batalla legal que anticipó el futuro

El amparo promovido por las petroleras formaba parte de una ofensiva más amplia contra la política fiscal y regulatoria del Estado mexicano. Aquellas controversias sentaron las bases de tensiones que décadas más tarde desembocarían en la Expropiación Petrolera de 1938 bajo el gobierno de Lázaro Cárdenas.

Lo ocurrido en Tuxpan en 1918 no fue un episodio aislado: fue una pieza clave en la construcción del principio de soberanía energética que hoy forma parte del discurso histórico nacional.

Tuxpan, más que testigo

Para la historia local, esta fecha recuerda que Tuxpan no solo ha sido escenario de comercio marítimo o desarrollo urbano, sino también tribuna de decisiones trascendentes para el país.

El 19 de febrero de 1918, en una sala judicial tuxpeña, se enfrentaron dos visiones: la de las compañías extranjeras defendiendo sus intereses económicos y la del Estado mexicano afirmando su derecho soberano sobre el petróleo.

Más de un siglo después, aquel litigio sigue siendo una ventana para comprender cómo, desde ciudades como Tuxpan, se tejió la historia energética de México.

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