Por muchos años, pocos tuxpeños supieron que durante la Segunda Guerra Mundial su ciudad formó parte de la estrategia militar mexicana para proteger las costas del Golfo de México. Sin embargo, el 16 de junio de 1940 comenzó a escribirse uno de los capítulos más interesantes de la historia local.

Ese día, el general y piloto aviador mexicano Roberto Fierro Villalobos fue nombrado jefe de la Fuerza Aérea Mexicana. A él le correspondió reorganizar las operaciones aéreas del país en un momento de creciente tensión internacional, cuando Europa se encontraba inmersa en la Segunda Guerra Mundial y la expansión militar alemana mantenía en alerta a numerosas naciones.

Como parte de esta estrategia, se ordenó el despliegue de los Regimientos Aéreos que tenían su base en Balbuena, Ciudad de México, hacia diversos campos de aviación cercanos a las costas del Golfo. Entre los puntos seleccionados se encontraba Tuxpan, cuya ubicación estratégica lo convertía en un sitio ideal para vigilar el tráfico marítimo y proteger las instalaciones petroleras de la región.

En el campo de aviación tuxpeño fueron destacados aviones North American AT-6B, aeronaves originalmente diseñadas para entrenamiento avanzado, pero que podían adaptarse a misiones de vigilancia, reconocimiento y ataque ligero. Su misión era clara: detectar y, en caso necesario, atacar submarinos alemanes que se aproximaran a aguas mexicanas.

Aunque en 1940 México todavía no participaba formalmente en la guerra, el gobierno seguía con preocupación los acontecimientos del Atlántico. La amenaza no era imaginaria. Años después, submarinos alemanes hundirían varios buques petroleros mexicanos, entre ellos el famoso Potrero del Llano, el Faja de Oro y el Tuxpan, hechos que provocarían la entrada oficial de México al conflicto en 1942.

La presencia de aviones militares en Tuxpan demuestra la importancia que tenía el puerto para la seguridad nacional. Además de su actividad comercial, la región era considerada una zona estratégica por su cercanía con rutas marítimas y por la infraestructura petrolera instalada en el norte de Veracruz.

Hoy, más de ocho décadas después, pocos vestigios quedan de aquella etapa en la que Tuxpan se preparaba para enfrentar una posible incursión enemiga desde el mar. Sin embargo, la historia conserva el recuerdo de aquellos pilotos y aeronaves que vigilaron el horizonte del Golfo de México desde suelo tuxpeño, en uno de los momentos más inciertos del siglo XX.

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